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Coahuila

El fracaso político y económico del árbitro que no completó con 595 millones

Por Luis Carlos Plata

Hace 2 años

En el Instituto Electoral de Coahuila todo se polemiza. Todo se cuestiona. Todo se polariza. Todo se enreda. Todo se retuerce. Cada quien lleva agua a su molino. Cada sesión grupal y cada decisión particular es una disputa por el poder aún y cuando la legislación faculta al presidente del Consejo General a serlo durante los siete años para los que fue designado. Haya sido como haya sido la designación (imposición, en este caso, pues Rodrigo Paredes no cumplió a cabalidad con el orden lógico del proceso, situación que lo vició de origen). Y lo más importante: guste o no su actuación (salvo situaciones excepcionales donde sí se le pueda remover, las cuales distan mucho de las desavenencias naturales y desencuentros coyunturales que surgen en una mesa electoral de discusión).

Como penúltima travesura de la Legislatura LXII que concluye el próximo 31 de diciembre, primero mandó ésta a su Oficial Mayor, Gerardo Blanco, al IEC como avanzada. Luego, antes de concluir el último periodo de sesiones, el Congreso del Estado les endosó la “Ley Pónganse de Acuerdo”, a iniciativa del comodín llamado Partido Verde, que no es más que una reforma del Código Electoral de Coahuila, a la medida para facultar al referido Oficial Mayor, entonces ya en la posición clave como secretario ejecutivo, a tomar decisiones técnicas y administrativas unilateralmente, y excluir de las mismas al Consejo General.

“Se han detectado áreas de oportunidad”, menciona eufemísticamente la exposición de motivos del proyecto de decreto, votado el pasado 19 de diciembre. Y le aprobaron en él una letanía de atribuciones que le convierten ahora en la pieza más importante del organigrama.

Como solución, la medida puede ser acertada; particularmente a escasos 13 días de iniciar el proceso electoral de Ayuntamientos; el único estatal en 2024. Sin embargo en el fondo esto representa el fracaso de la negociación política en un órgano colegiado.

Dicho de otra manera: el Poder Legislativo, de control y vigilancia por naturaleza, dio chance a los consejeros de ponerse de acuerdo y estos no pudieron corresponder a las expectativas de su función. Así, ante la amenaza de ingobernabilidad y conflicto, les amarraron las manos para que no se hagan daño a sí mismos ni a los demás por consecuencia.

La ironía: en el IEC son autónomos pero no se autogobiernan. Al contrario: les dominan sus emociones, las vendettas y las bajas pasiones.

En otras circunstancias dicho fenómeno podría tal vez pasarse por alto, como si se tratase de simples roces de oficina ocasionados por la convivencia, pero en este caso se trata del árbitro. El que justamente necesita ser ecuánime y centrado, objetivo y neutral, para desempeñar su función.

Cortita y al pie

Pero no es la única ironía reciente. Se debe mencionar también que a un año de su integración como Consejo General, no llegaron a fin de año.

Sin dinero en las cuentas desde noviembre, optaron por pedir una ampliación presupuestal aunque proponían un adelanto del próximo ejercicio fiscal.

El IEC no completó con 595 millones de pesos en 2023 (incluyendo en la bolsa total las prerrogativas de los partidos políticos). La mayor cantidad de su incipiente historia. Y rebasó la barrera de los $600 millones.

Durante la gestión reportó pérdidas millonarias en proyectos fallidos,  como la urna electrónica (la cual costó más por no utilizarse que por utilizarse, un asunto kafkiano por donde se vea), causas de fuerza mayor (como un incendio en el Comité Municipal de Monclova cuyos daños fueron cuantificados en una cifra más alta que el valor del inmueble, lo cual es ridículo a todas luces), y adquisiciones inexplicablemente al doble de su valor comercial, como el PREP contratado para la elección.

Entre los tres incidentes señalados hay un dispendio estimado en 30 millones de pesos, para dimensionar.

Sin contar, por ejemplo, que le pegaron duro a la viaticada.

La última y nos vamos     

Tenemos que hablar del árbitro. Si bien la elección de Gobernador en 2023 se resolvió por una diferencia tan amplia entre primer y segundo lugar que no admitía dudas en cualquier escenario, otro tipo de contienda en lo sucesivo puede resultar más disputada, y ahí es donde se necesita un órgano capaz de deliberar temas que hacen la diferencia.

Al día de hoy no contamos con él.

Por lo demás, son confiables mientras menos metan las manos y más lejos les mantengan los cerillos.

 

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