Conforme empezaron a fluir los resultados de las elecciones de hace una semana, los primeros sorprendidos fueron los priístas por la apabullante cantidad de sufragios obtenidos, sin embargo, los más asombrados fueron los panistas al ver cómo su partido se desplomaba para caer al cuarto lugar en la cantidad de votos registrados. Por su parte, los magros resultados de la mal llamada izquierda eran previsibles luego del sanguinario canibalismo que los caracteriza.
El triunfo del PRI a la gubernatura era de esperarse al conjugarse diferentes factores. En primer lugar está la seguridad que prevalece en el Estado y que hay que reconocérsela al gobernador Riquelme, independientemente si es producto de algún tipo de “pax narca” y a costa de los constantes abusos de las diferentes policías estatales. El chantaje de “si votas por Morena, Coahuila será como Zacatecas y Tamaulipas” sí les funcionó.
En segundo lugar el manejo de la imagen de Manolo Jiménez desde años atrás, como un candidato joven, con una imagen que hace recordar a Peña Nieto, que evadió los cuestionamientos de sus oponentes y sus vínculos con el moreirato lograron desvincularlo de la imagen del PRI de siempre. También fue determinante todo el aparato electoral del PRI con sus diferentes artimañas que practica desde hace décadas con la participación directa del gobernador.
Otro factor determinante del triunfo priísta fue la división en la mal llamada izquierda con la imposición de un Guadiana a quien el peso de la edad lo apabulló, con un pasado político controversial, frívolo, con pésima fama como empresario y sin convicción de “izquierda”. Por otro lado, el factor Mejía Berdeja quien inició una precampaña como posible candidato de Morena brincándose todas las trancas y que al no ser ungido como candidato cayó en brazos del PT, confundió a sus seguidores y dividió los morenistas; incluso hasta el mismo López Obrador lo descalificó en público. El colmo fue cuando las dirigencias nacionales de los partidos Verde y PT fueron obligadas a retirarle el apoyo a Guadiana y a Mejía pocos días antes de la elección.
Pero lo más sorprendente de las elecciones fue cómo el PAN se desplomó de manera escandalosa en todo el estado, incluso por debajo del PT y muy apenitas por encima del Verde; el PAN fue el gran perdedor de la contienda. Esta debacle obedece a varios factores, en primer lugar la dichosa alianza con el PRI no fue nada bien vista por los panistas auténticos quienes aún tenían en mente las elecciones de hace seis años, sumamente desaseadas y con un resultado totalmente cuestionable. Hay que recordar que hasta el mismísimo Catón publicó una columna cuestionando aquel proceso electoral refiriéndose a Riquelme: “gobernador legal, pero no legítimo”. También muy cuestionable fue la misteriosa manera en que Anaya -el candidato panista de entonces- dobló las manos y abandonó a sus seguidores.
Otro factor que también influyó en la debacle fueron las elecciones para la presidencia del PAN en Coahuila a finales de 2018 en la que el Doctor Dávila -con experiencia y oficio- había ganado y los panistas de Torreón lo desbancaron a la mala, dejando un partido descabezado, en franca descomposición y provocando que la militancia se alejara. En las últimas elecciones para la presidencia estatal panista resultó “ganadora” Elisa Maldonado quien con su inexperiencia y ausencia de oficio político no supo ni pudo enderezar el barco, provocando decepción y apatía entre los panistas, propiciando el voto de castigo.
También sorprende que el PAN de Monclova haya caído al cuarto lugara, un bastión que durante décadas se distinguió por aguerrido, de trabajo, convicción y con militantes participativos. Sin embargo, el turbio desempeño de los últimos alcaldes, las grillas internas que anteponen la obsesión por mantener el poder sobre los principios y la ideología del PAN, así como el arribismo de oportunistas que lo tienen secuestrado, lo arrinconaron a ser un partido desangelado que ya no convence. Incluso Alfredo Paredes, flamante diputado postulado por el PAN, ganó gracias a los votos del PRI de la mentada alianza; de haber ido solo por el PAN habría perdido de nueva cuenta. Hasta su archirrival César Flores obtuvo más votos que él.
El PRI arrasó en Coahuila a pesar del alto abstencionismo de casi 50 por ciento y que de poco o nada le benefició la dichosa alianza. Ahora falta ver cómo el gobierno de la alianza se repartirá el queso y qué carteras le corresponderán a un debilitado PAN, falta ver qué caras nuevas habrá en el gabinete y que los diputados electos no chapulineen dentro de pocos meses. Aún así prevalece el escepticismo de que haya un verdadero cambio, volveremos a ver otra vez a personajes del moreirato ocupando puestos claves, el carro completo de los diputados al servicio del Ejecutivo, la megadeuda que no deja de crecer, la transparencia solo como parte del discurso oficial, la procuración de justicia que brilla por su ausencia, la prepotencia de las policías estatales con toda impunidad. Todo esto con una oposición débil y fragmentada que está muy lejos de ser un contrapeso.
Aunque el PRI perdió en el Estado de México, su triunfo en Coahuila difícilmente representa el punto de inflexión para recuperar su otrora grandeza nacional, esta victoria más bien hace recordar a los focos que alumbran más antes de fundirse.
Más sobre esta sección Más en Uncategorized