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El guardián del ayate: La administración de un santuario de millones

Por Federico Muller

Hace 3 meses

“Desde el cielo una hermosa mañana,la Guadalupana bajó al Tepeyac”.
Himno guadalupano

 

El lenguaje metafórico suele ser el más adecuado cuando se escriben artículos periodísticos sobre las creencias de un pueblo. Los símbolos permiten aproximarse, con mayor respeto que las afirmaciones categóricas, a los sentimientos más profundos del alma humana. En este texto, el ayate representa, al mismo tiempo, el contenido y el continente de un patrimonio espiritual: la Virgen de Guadalupe y el santuario que resguarda la imagen venerada por millones de creyentes. Precisamente ese santuario experimentó, a finales de junio, una reestructuración en su administración. Ese hecho motivó estas reflexiones, cuyo propósito no es analizar la fe guadalupana, sino la organización de una de las instituciones religiosas más importantes de América.

 

Antecedentes

Cuando Miguel Hidalgo y Costilla convocó a la población de la Nueva España a iniciar el movimiento de Independencia, en septiembre de 1810, eligió como estandarte la imagen de la Virgen de Guadalupe. Aquella decisión convirtió un símbolo religioso en un poderoso elemento de identidad colectiva. Más de dos siglos después, ese poder de convocatoria permanece intacto. El santuario del Tepeyac continúa siendo uno de los centros de peregrinación católica más importantes del mundo.

Cada año, millones de fieles llegan desde todos los rincones de México y del extranjero para expresar su devoción. Tan sólo durante las celebraciones del 12 de diciembre, la Ciudad de México recibe una de las mayores concentraciones humanas del continente. Hasta hoy, ningún partido político, dirigente, movimiento social o acontecimiento cívico ha logrado convocar, de manera pacífica, plural y voluntaria, a una movilización semejante. En ese sentido, el viejo adagio popular conserva plena vigencia: «Contra la fe no hay argumentos». Y es precisamente porque la fe pertenece al ámbito de la conciencia que este artículo no pretende discutir las creencias de millones de mexicanos. Su objeto de estudio es distinto: la organización administrativa del santuario, la economía que genera y los desafíos que implica administrar una institución que custodia no sólo un patrimonio religioso, sino también la confianza espiritual de millones de personas.

 

La administración del santuario

Durante décadas, el abad de la Basílica de Guadalupe concentró la responsabilidad tanto de la administración del santuario como de la conducción de los servicios espirituales. El penúltimo abad permaneció en el cargo durante más de 30 años y mantuvo una relación directa con la Santa Sede, circunstancia que contribuyó a consolidar un modelo de amplia autonomía administrativa. Como consecuencia, la gestión financiera del principal santuario mariano de América Latina se desarrolló con escasa información pública sobre el origen, el destino y el monto de los recursos provenientes de donativos y ofrendas.

Esta situación no implica, por sí misma, una irregularidad. La Iglesia Católica posee un régimen jurídico propio y las asociaciones religiosas no están obligadas a publicar sus estados financieros en los mismos términos que las instituciones públicas. Sin embargo, la magnitud del fenómeno guadalupano justifica el interés por comprender su dimensión económica.

Ante la ausencia de información financiera abierta, una alternativa consiste en analizar el amplio ecosistema que se ha desarrollado alrededor del santuario -turismo religioso, comercio, hospedaje, transporte, empleo y servicios- para aproximarse, mediante sus externalidades económicas, al impacto que la devoción guadalupana genera en los ámbitos micro y macroeconómico. Precisamente ese contexto ayuda a comprender por qué la reciente transformación del modelo de gobierno de la Basílica, al sustituir la figura tradicional del abad por una nueva estructura directiva, representa un hecho relevante no sólo para la vida interna de la Iglesia, sino también para el estudio de la economía de la religión.

 

Ecosistema económico-religioso

La Basílica de Guadalupe puede entenderse, desde la perspectiva de la economía regional, como el núcleo de un ecosistema económico-religioso, entendido como el conjunto de actividades productivas, comerciales y de servicios que se desarrollan alrededor de un santuario cuya principal fuerza de atracción es la fe de millones de peregrinos.

A) Flujo de peregrinos. El Gobierno de la Ciudad de México informó que, entre el 6 y el 15 de diciembre de 2024, alrededor de 12 millones de personas visitaron la Basílica de Guadalupe con motivo de las celebraciones guadalupanas. Esta concentración humana constituye una de las mayores peregrinaciones religiosas del mundo.

B) Unidades económicas. La Secretaría de Desarrollo Económico de la Ciudad de México identificó 3 mil 996 establecimientos -entre restaurantes, hoteles, florerías, comercios de artículos religiosos, tiendas de abarrotes y otros negocios- cuya actividad se beneficia significativamente del flujo de peregrinos que acuden al Tepeyac. En su mayoría se trata de micro y pequeñas empresas que encuentran en las celebraciones guadalupanas una de sus temporadas de mayor actividad.

C) Derrama económica. El Gobierno de la Ciudad de México estimó que las festividades guadalupanas de diciembre de 2024 generaron una derrama económica cercana a 20 mil millones de pesos, reflejo del impacto que el turismo religioso tiene sobre el comercio, el transporte, el hospedaje y los servicios de la capital del país.

D) Empleo. Diversas fuentes laborales privadas estiman que la administración de la Basílica emplea aproximadamente 500 trabajadores entre personal administrativo, de mantenimiento, seguridad, servicios generales y apoyo pastoral. Durante la temporada decembrina esta plantilla suele incrementarse mediante contrataciones temporales para atender el aumento extraordinario de visitantes.

E) División del trabajo. La misión esencial de la Basílica consiste en ofrecer servicios religiosos y pastorales. Su operación comprende la celebración de misas, confesiones, bautizos, matrimonios y otras ceremonias litúrgicas; la atención espiritual de los peregrinos; la conservación del patrimonio religioso y artístico; así como la producción y transmisión de contenidos televisivos y digitales relacionados con las actividades del santuario.

 

Conclusión

La Basílica de Guadalupe no sólo es un santuario, constituye también el núcleo de un ecosistema económico-religioso que articula instituciones públicas, organizaciones religiosas, miles de unidades económicas y millones de peregrinos.

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