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Coahuila

El gusano del tedio

Por Javier Villarreal Lozano

Hace 6 años

Esta cuarentena y el forzado confinamiento domiciliario y sus efectos malignos son como la humedad. Avanzan silenciosamente hasta cubrir los pisos y empezar a trepar por los muros sin que apenas uno se dé cuenta. Retan a cualquier optimismo y son capaces de carcomer hasta las más sólidas resistencias. Por ello no es extraño que en los medios de comunicación y en las redes sociales abunden las “recetas” para combatir el estrés y la depresión.

Con magnífica buena voluntad, el cantautor Joaquín Sabina grabó un video transmitido a través de las redes, en el cual recomienda la lectura como vía para escapar –a través de la imaginación– del encierro. Para mejor efecto del mensaje, Sabina aparece frente a unos anaqueles cargados de volúmenes.

Y es verdad, la lectura constituye una de las puertas de escape del encierro obligatorio. Nos permite viajar en la imaginación a cualquier parte del mundo o incluso fuera del universo conocido, a quienes gustan de la ciencia ficción. También permite entrar en contacto con gente interesante, aunque algunas de ellas estén muertas desde hace siglos y vivir aventuras que difícilmente podemos replicar en la vida real.

Quien esto escribe se considera un lector voraz y omnívoro. Desde pequeño ha tratado de descifrar lo que dicen los papeles impresos. Ahora, el confinamiento da la oportunidad de aplicarse con singular entusiasmo a ese vicio solitario. La única limitante ha sido la resistencia de unos ojos que acumulan más de siete décadas de lecturas.
Un tiempo las he dedicado a las consultas de libros relacionados con la tarea de aficionado a la historia, con dos pendientes en la agenda: una breve historia de la Revolución y el pulimiento de un artículo para un libro colectivo sobre el legado de don Venustiano Carranza.

Acotación al margen. Al cumplirse este año el centenario del asesinato de don Venustiano, el desdén de las autoridades federales –lo consideran revolucionario– y el coronavirus impidió una conmemoración a la altura del personaje. Para empezar, cuando se pensaba que se haría como con Emiliano Zapata, declarando el 2019 el año en su honor, alguien tuvo la ocurrencia de que el 2020 fuera el año de Leona Vicario, marginando la efeméride luctuosa correspondiente al Varón de Cuatro Ciénegas. En fin, de este Gobierno federal se puede esperar cualquier cosa.

Pero retomemos el tema. Además de esas lecturas, digamos obligadas, para intentar conocer mejor la figura y el modo de pensar del escritor español Vicente Blasco Ibáñez, quien esto escribe se echó un clavado en cuatro de sus novelas, Sangre y Arena; Cañas y Barro; Arroz y Tartana y La Barraca. Confieso que no había leído a Blasco Ibáñez, un escritor de gran éxito en su tiempo. Éxito que le redituó ganancias importantes, pues algunas de sus novelas fueron adaptadas al cine de Hollywood con los galanes de moda: Rodolfo Valentino y Tyrone Power, entre otros.

Blasco Ibáñez escribió también un libro de sus impresiones sobre México y la Revolución, el cual espero reseñar en el futuro. Ya harto de las terribles tragedias blascoibañezcas me zambullo ahora en la relectura de los divertidos papeles de Pickwick, de Dickens.

Es cierto, la lectura es una excelente forma de combatir el confinamiento, pero después de cerrar el libro comienza a roernos el alma de tedio. Ese gusano que nos recuerda que el hombre es ese zoon politikón aristotélico y está hecho en sociedad, para vivir y tratar con sus semejantes.

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