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Agencias
Publicado el domingo, 20 de marzo del 2011 a las 15:01
Por Proceso En diciembre de 2008, cuando llegó a la Secretaría de Seguridad Pública municipal –en sustitución de Alberto Capella, quien inició la movilización social de protesta contra la violencia en la entidad–, el militar retirado originario de Sinaloa declaró la guerra al crimen organizado manifestando su menosprecio por los delincuentes, a los que llamó “mugrosos”, cobardes y “mujercitas”.
Nadie puede negar su capacidad para divulgar su calidad de “incorruptible”. El año pasado, entrevistado en la revista “The New Yorker”, reveló que al empezar su trabajo en Tijuana un militar retirado se presentó en su oficina como “embajador” de “El Chapo” Guzmán y le ofreció 80 mil dólares mensuales para que dejara trabajar al cártel de Sinaloa. Dijo que rechazó el soborno y que a punta de pistola llevó a ese ex militar a la Ciudad de México y lo entregó a la Procuraduría General de la República.
Sus primeras acciones en el cargo tuvieron un éxito relativo: despidió a 400 policías y consignó a 25 acusándolos de trabajar para los Arellano Félix o el cártel de Sinaloa, además de que disminuyó 7% los delitos comunes.
Eso entusiasmó al entonces presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana, Mario Escobedo, quien a pesar de las denuncias de familiares y organizaciones de derechos humanos de que los policías consignados fueron torturados, a nombre de los empresarios y comerciantes felicitó al teniente coronel y anunció que pronto se recuperaría la actividad comercial y turística de la ciudad.
Pero no todo lo que tenía que ver con Leyzaola era tan bonito, cierto o transparente.
Viejas sospechas
Desde 2003 se hablaba de una presunta relación del militar con el crimen organizado. Responsable entonces del sistema penitenciario bajacaliforniano, Leyzaola fue acusado por el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública estatal –integrado por empresarios, comerciantes y agrupaciones sociales– de estar involucrado en una fuga masiva de reos.
Además, la prensa local sospechaba que había pactado con el narco para simular la pacificación de la ciudad.
Hoy esas presunciones encuentran sustento al conocerse el cable enviado a su gobierno por el cónsul estadounidense de Tijuana el 14 de julio de 2009 –difundido por WikiLeaks y publicado por La Jornada el pasado miércoles 16– donde señala el acuerdo que Leyzaola tuvo con los adversarios del narcotraficante Teodoro García Simental El Teo, quien trabajaba para el cártel de Sinaloa, para aprehenderlo.
La estrategia de Leyzaola sugería que al eliminar a “El Teo”, los Arellano Félix “regularían” a los demás grupos y la plaza estaría tranquila.
“Por eso desde que estaba en la Dirección de Seguridad Pública del Estado no realizaba operativos en playas de Rosarito, donde accionan los Arellano”, dice un ex funcionario del Gobierno estatal quien por razones de seguridad pidió el anonimato.
“El Teo” había trabajado para los Arellano Félix pero después se pasó al cártel de Sinaloa. Está acusado del asesinato de 47 policías y de tráfico de cocaína.
Los operativos más fuertes de los gobiernos estatal y municipal y del Ejército fueron contra este personaje y su banda. En noviembre de 2007 estuvo a punto de ser capturado en Playas de Rosarito, pero una filtración de la policía lo ayudó a escapar.
Y fue precisamente “El Teo” –a quien Leyzaola llamaba “gordo asqueroso”– quien encaró al militar a los pocos meses de haber asumido la Secretaría de Seguridad Pública de Tijuana.
A mediados de 2009 el teniente coronel tuvo un encuentro con “El Teo” y con Raydel López Uriarte “El Muletas”.
Los dos narcotraficantes viajaban custodiados por un comando que cercó al secretario de Seguridad Pública en el centro de Tijuana. Según la versión de un ex funcionario estatal, “El Muletas” retó a Leyzaola a bajarse de su camioneta mientras golpeaba su ventanilla: “¡A ver, bájate! ¡Órale, cabrón, aquí estoy para lo que quieras! ¡A ver si es cierto que quieres matarme!”, le gritó.
Según la versión del ex funcionario –que pidió el anonimato– Leyzaola no hizo nada; sus escoltas lo dejaron solo frente los narcotraficantes, que se fueron tan campantes, tal como habían llegado.
Por lo demás, de acuerdo con datos oficiales, la violencia no cesó en Tijuana; de 2008 a la fecha hubo 3 mil asesinatos vinculados con el narcotráfico.
“La percepción de violencia disminuyó y también el nivel escandaloso y brutal que vimos durante varios años, pero sólo en la parte moderna y residencial que es donde vive y trabaja la élite empresarial y política, porque en el resto de la ciudad las cosas siguieron igual; nada cambió en las calles o en los barrios más pobres y marginados”, precisa Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos de Tijuana, en entrevista con “Proceso”.
Añade que el narcomenudeo controlado por el crimen organizado se incrementó y aumentó el número de “tienditas” y “picaderos”; que hasta 2007 eran 20 mil. “Ahora la violencia afecta a la gente más pobre y eso no interesa mucho a los medios; por eso la percepción era que Leyzaola sí estaba disminuyendo la delincuencia en Tijuana.
“Se dio la imagen de un modelo que supuestamente controló a la delincuencia y disminuyó los hechos violentos, pero en realidad no se redujeron las ejecuciones. Además ahora ya no sólo tenemos a dos cárteles de la droga, el de Sinaloa y el de los Arellano, sino también a la Familia Michoacana. El poder de los Arellano ha disminuido por el asesinato de sus líderes históricos y el arresto de otros.
“Hoy la plaza la controla ‘El Mayo’ Zambada, del cártel de Sinaloa. Pero hay una especie de acuerdo de conveniencia entre los tres grupos para no aumentar la violencia brutal, como la vimos en el pasado; estamos en un equilibrio precario encima de un volcán que en cualquier momento puede hacer erupción”, advierte el profesor de estudios latinoamericanos de la Universidad de San Diego.
Cifras históricas
» Datos oficiales que señalan que cuando Leyzaola estuvo a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública de Tijuana, los índices de ejecuciones vinculadas con el narcotráfico no bajaron sino que alcanzaron cifras históricas: en 2008 hubo 882 casos, el año siguiente 655 y en 2010 fueron 812. » Leyzaola se jactaba de insultar a “El Teo”. “Para bajar esa preponderancia que tenían los capos, ¡los grandes capos!, en las declaraciones públicas empecé a hablar de ellos y en lugar de referirme a él como “El Teo” yo lo llamaba el gordo asqueroso, panzón, ridículo, mantecoso, mugroso. Lo hice para bajarlos de ese misticismo en el que la gente los tenía. Para bajarlos como humanos y más abajo”, dijo a la prensa.
» Incluso prohibió que tocara en Tijuana el grupo más popular y famoso de la ciudad, Los Tucanes, cuyo líder, Mario Quintero, fue amenazado de ir a la cárcel por mandar un saludo a El Teo y a El Muletas en pleno concierto. “¡Ustedes no pueden tocar aquí, váyanse!”, les espetó.
» El 20 de octubre de 2009 unos reporteros aseguran haber visto cómo Leyzaola golpeó el cuerpo de un criminal muerto tras un enfrentamiento con la policía. Los periodistas, que piden el anonimato, sostienen que el teniente coronel llegó hasta el cadáver, lo miró y soltando maldiciones lo pateó y se retiró.
» No obstante, ese año Tijuana vivía una nueva ola de violencia: 655 ejecuciones, la mayor parte de ellas en los cinturones de miseria.
Tijuana.- Al teniente coronel Julián Leyzaola Pérez le gusta portar el uniforme. Es su orgullo. Y desde que fue nombrado “guardián” de esta ciudad le gustó salir a la calle con la pistola al cinto, como si estuviera en un viejo pueblo del oeste estadounidense ahuyentando a los “forajidos”.
Los golpea ya muertos
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