Vida
Por
Fabiola Berlanga
Publicado el lunes, 19 de abril del 2021 a las 15:01
Ciudad de México.- Detrás del esfuerzo sobrehumano del personal médico del País, otro grupo, acaso de forma menos evidente, ha sido igualmente fundamental en el combate a la pandemia de Covid-19: los especialistas de la ingeniería biomédica.
A través de un saturado trabajo tras bambalinas, tales expertos han posibilitado las condiciones y herramientas clínicas con las cuales se atiende a los pacientes infectados por el SARS-CoV-2.
“ Yo lo pondría en una frase muy clara: es un papel heroico el que han tenido los ingenieros biomédicos en los hospitales. Un papel heroico”, remarca en entrevista el ingeniero mecánico electricista Jesús Dorador, especialista en diseño y manufactura.
“ Se ha reconocido muchísimo el heroísmo de los médicos, de las enfermeras, del personal de salud en general. Pero hay que recordar que los médicos y las enfermeras para poder trabajar necesitan equipos, insumos y materiales; y son ingenieros, en general biomédicos, quienes trabajando a marchas forzadas, muchas horas, logran mantenerlos funcionando en óptimas condiciones”.
Sea uno de los ejemplos más importantes el de los ventiladores mecánicos, empezando por la recuperación de aquellos con los que ya se contaba en hospitales y clínicas mexicanas, que pudieran requerir una calibración, algún sensor de oxígeno u otros componentes nuevos.
Esto fue parte de las labores del Programa de Recuperación de Equipo Hospitalario de la UNAM, coordinado por Dorador, de la mano del Colegio de Ingenieros Biomédicos de México (CIB), que ofreció capacitación en materia de mantenimiento y reparación de estos insumos.
“ Varios expertos de diferentes instituciones asistieron a dar opiniones técnicas especializadas de cuáles ventiladores sí podrían potencialmente volver a servir y cuáles no”, detalla la ingeniera biomédica y maestra en ciencias Montserrat Godínez, vicepresidenta del CIB.
Pero los ingenieros biomédicos también resultaron de gran importancia ante la llegada de los nuevos aparatos adquiridos en el exterior.
“ ¿Quién los echa a andar? ¿Quién tiene que aprender a darles mantenimiento? ¿Y quién tiene que hacer antes las traducciones de los manuales? Los ingenieros biomédicos, que son los que los van a mantener funcionando en óptimas condiciones”, reitera Dorador, secretario general de la Escuela Nacional de Estudios Superiores unidad Juriquilla.
Aunado a esto figura también el diseño y desarrollo de insumos tan básicos como mascarillas, caretas o hisopos para la toma de muestras biológicas, y la atención a dispositivos e infraestructura hospitalaria de gran complejidad. Algo que escapa a las capacidades de los profesionales médicos.
“ Muchas veces se requieren de Rayos X, de tomografía para poder diagnosticar a alguna persona que tiene Covid o que ya tiene algún daño, y pues ahí están todos los ingenieros biomédicos que mantienen a punto ese tipo de dispositivos”, apunta el maestro en ingeniería eléctrica Serafín Castañeda, jefe del Departamento de Ingeniería en Sistemas Biomédicos de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.
“ Si por alguna razón no puede funcionar un ventilador, pues le llaman al ingeniero biomédico y le piden que lo haga funcionar. El médico sabe operarlo y ponerlo a un paciente, cada quien en su rol, pero el médico no va a abrir el dispositivo para ver qué pasó, ¿verdad?”, ilustra Godínez, experta técnica en el diseño y desarrollo de dispositivos médicos.
Un trabajo que ya los rebasaba desde antes del arribo de la pandemia, señala Dorador, debido a la gran cantidad de equipos sofisticados que los reducidos departamentos de ingenieros deben mantener funcionando en los hospitales y clínicas del País. Lo cual se ha exacerbado.
En especial porque, ante la alta cifra de pacientes hospitalizados día a día, los diversos dispositivos se han utilizado intensivamente durante muchas más horas de lo acostumbrado, siendo más necesario que nunca el darles mantenimiento, aunque se cuente con menos tiempo para hacerlo, pero no por ello con menos calidad.
“ Simplemente, los ingenieros biomédicos trabajan horas extra, trabajan más, y ayudan a mantener funcionando los hospitales, los centros de salud, los centros Covid que se han puesto”, destaca Dorador.
“ Ahí es donde los ingenieros del área biomédica dan la cara para poder trabajar conjuntamente de la mano con todo este personal de salud y que tenga esas herramientas para que ellos puedan también realizar su trabajo”, subraya Castañeda.Como hospital sin electricidad Tratemos de imaginar un momento un hospital que se queda sin electricidad, pide el ingeniero Jesús Dorador.
“ Estaría de cabeza, porque necesitamos todos los equipos que funcionan con electricidad para mantener con vida a los pacientes, para ayudar a los médicos a hacer diagnósticos, para poder hacer las pruebas.
“ Es lo que estaría sucediendo en estos momentos si no tuviéramos ingenieros biomédicos, ingenieros de diseño, de mantenimiento, encargados de los equipos, del instrumental, de los insumos hospitalarios. Imaginar que no hay electricidad es el equivalente a imaginar que no hay ingenieros trabajando en un hospital”.
Así expone Dorador la importancia de la ingeniería biomédica en el proceso de atención de la salud, mucho más allá de la actual contingencia sanitaria.
Si bien lo primero que puede venir a la mente al pensar en la palabra ingeniería son carreteras, represas y todas las grandes obras civiles, en materia biomédica esta rama ha sido responsable de desarrollos en la parte de imagenología, en sistemas expertos para hacer diagnóstico, prótesis y órtesis, exoesqueletos, biomateriales, equipos para monitoreo de variable fisiológica, entre muchísimos otros.
“ Cuando tú estás en un quirófano, en una cirugía, casi el 90 por ciento son dispositivos médicos, y un 10 por ciento son medicamentos. Imagínate la atención y el impacto que tienen en salud pública los dispositivos médicos”, apunta la ingeniera biomédica Montserrat Godínez.
Y es que, continúa la vicepresidenta del Colegio de Ingenieros Biomédicos de México (CIB), la labor de la ingeniería biomédica se caracteriza por expresarse a lo largo de todo el ciclo de vida de los dispositivos médicos: desde el diseño y desarrollo, producción, almacenamiento, comercialización y distribución, hasta la instalación, el mantenimiento, soporte técnico, la tecnovigilancia y su disposición final.
Ciclo que inicia con la identificación de una necesidad -como en el caso de los ventiladores mecánicos en esta pandemia-, que puede devenir en un nuevo desarrollo si se cuenta con un ecosistema adecuado: prototipado, laboratorios de tercera partida, fondos gubernamentales y de inversión privada, recursos humanos y materiales, elaboración de protocolos de pruebas.
“ Al cumplirse lo anterior, la idea podrá evolucionar a una solución a la necesidad planteada, creando así un dispositivo médico que se produzca en serie siendo seguro, eficaz y de calidad”, señala Godínez.
“ Quien tenga el registro sanitario de esta tecnología es responsable de darle mantenimiento, soporte técnico y, sobre todo, de implementar su tecnovigilancia. Que es vigilar la tecnología hasta que justamente este dispositivo que nosotros decimos que es seguro, es de calidad y eficaz, se mantenga siempre en estos tres puntos”.
Se trata, por supuesto, de un trabajo multidisciplinario donde junto con los biomédicos participan ingenieros de diferentes áreas, así como físicos, biólogos y médicos, por mencionar a algunos.
Carencias evidenciadas
El maestro en ingeniería eléctrica Serafín Castañeda indica que en México la mayoría de los ingenieros biomédicos están principalmente dedicados a mantener operativos y en buenas condiciones los equipos, y pocos de ellos están en el área de investigación o desarrollo.
De ahí el problema, vincula, para contar con ventiladores mecánicos propios, hechos en el País.
“ El desarrollar un equipo clase 2 de soporte de vida, como lo es un ventilador, pues requiere mucho tiempo, infraestructura, personal capacitado, insumos, pruebas, validaciones, y eso lleva tiempo. Desafortunadamente nadie estaba preparado para una pandemia de este tipo, y pues tampoco nosotros como ingenieros biomédicos (advertimos) que hubiera sido tan demandante la cantidad de equipos que se requerían, especialmente la parte de ventiladores.
“ De ahí la inquietud de los ingenieros en poder sumarse a diferentes iniciativas para desarrollar modelos, prototipos o, en su defecto, trabajar de la mano con el sector salud para la parte de regulación, validación de los equipos que había o que podían entrar al mercado, o ser desarrollados”, expone Castañeda.
Ejemplo de esto son los esfuerzos del Colegio de Ingenieros Biomédicos de México (CIB) a través de webinarios y de la creación -en conjunto con Cofepris y Conacyt- de documentos de soporte consultables en línea para que los jóvenes desarrolladores puedan crear nuevos dispositivos médicos en cumplimiento con toda la normativa que exige la autoridad sanitaria.
Así como un programa de asistencia y consultoría especializada sin costo para cualquier emprendedor que llegue con inquietudes sobre algún requerimiento regulatorio para un dispositivo médico, comparte la vicepresidenta del CIB, Montserrat Godínez.
Por otro lado, en la UNAM se han puesto en marcha varios desarrollos de ventiladores mecánicos.
“ Precisamente pensando en lo que viene en el futuro una vez que el SARS-CoV-2 sea vencido -porque lo será-, tenemos que contar en nuestro País con la capacidad tecnológica y científica para el diseño de equipo médico. No podemos caer en el error que ya se cayó de: tenemos una emergencia, ¿y ahora qué hacemos? Y a ver de dónde sacamos especialistas, de dónde sacamos gente que pueda ayudar a diseñar.
“ Es lo que nosotros seguimos haciendo, por eso estamos trabajando en el diseño de cinco ventiladores diferentes. Eso es lo que tenemos que hacer: estar preparados siempre”, enfatiza el ingeniero mecánico electricista Jesús Dorador.
A decir suyo, vivimos un momento en el que todo mundo debería darse cuenta de que sí se carece de esta capacidad de diseño e investigación, esta capacidad científica y tecnológica, se seguirá dependiendo de otros siempre. “Y eso no lo podemos permitir”, clama.
“ Existe mucha maquila aquí en México de dispositivos médicos; o sea, de que se puede hacer, sí se puede. (Podemos) pasar de ser un país de maquila a uno que fabrique su propia tecnología”, sostiene Godínez.
“ Sin embargo, carecemos de un ecosistema robusto para generar estas nuevas tecnologías, o sea, para acompañar a los emprendedores que van saliendo o están a punto de salir de las universidades como hacen en otros países. Decirles: ‘A ver, aquí está el financiamiento para esto, el camino es éste, la regulación es ésta, y aquí están los canales de distribución'”.
Pese a todas estas carencias que se hicieron evidentes por la emergencia actual, Castañeda celebra que también ha habido un renovado interés por la ingeniería biomédica entre los jóvenes, que pueden optar por profesionalizarse en esta rama en instituciones como la UNAM, las universidades Autónoma Metropolitana (UAM) y la Iberoamericana, así como en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), entre otras.
Y, sobre todo, sugiere aprovechar la oportunidad para evaluar realmente la situación nacional, y fortalecer la colaboración entre la academia y la industria -con el obligado apoyo gubernamental, claro- para generar respuestas acorde a las necesidades del País. Siendo la pandemia de Covid-19 apenas una muestra.
“ Inicialmente no sabíamos a qué nos estábamos enfrentando (con el Covid-19). Después de un año, al parecer ya se conoce más, pero estamos supeditados a que pueda llegar cualquier otra cosa, y tenemos que estar preparados de alguna u otra forma para poder enfrentarlo de la mejor manera”, concluye.
“ Se debe reconocer que el desarrollo tecnológico es necesario, no una moda ni una vacilada; es algo muy serio, muy importante. Y para hacer buen desarrollo tecnológico se necesita basarse en ciencia, en ciencia pura y aplicada, en conocimiento, para poder desarrollar estos muy buenos equipos, como se ha logrado a pesar del bajísimo presupuesto y la poca importancia que se le ha dado”.
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