Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Investigan primer feminicidio de 2026 en Sabinas Hidalgo, Nuevo León Apoyan elementos de FGE a población vulnerable por frío Tendrá Manolo giras por Washington, Texas y CdMx ¡Luces y sombras! Así ha sido el paso del colombiano José Caicedo en Pumas Se atora ‘balón’ de fútbol en Macroplaza de Monterrey

Zócalo

|

Arte

|

Información

< Arte

| Valor Sentimental puede verse actualmente en salas de cine del país.

Arte

El invaluable peso de los sentimientos; vuelve Joachim Trier a pantallas

  Por Grupo Zócalo

Publicado el sábado, 3 de enero del 2026 a las 04:06


Escribe el crítico Valdemar Ayala Gándara sobre este drama emocional protagonizado por Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter y Elle Fannin

Valdemar Ayala Gándara | Saltillo, Coah.- Valor Sentimental (2025) del director danés Joachim Trier, obtuvo el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes –y con justicia podría haber ganado la Palma de Oro, sin duda–, por su manera de explorar las grietas dentro de una familia y la forma como la actividad artística, como campo profesional, puede ser un tipo de placebo o, incluso, distractor, para afrontar las responsabilidades y necesidades afectivas –y afectadas– más profundas.

Se dice que venimos al mundo solos y que partimos de él de igual manera, pero ambas soledades, ontológicamente ciertas, son emocionalmente relativas, y en el transcurso de cada existencia una serie de vínculos van dejando marcas y condicionando nuestra vida, mente y sentimientos, en especial tratándose de la familia propia, en la cual nacemos, de la cual venimos y a la que habremos de pertenecer aún después de nuestro propio fallecimiento.

A lo largo de cada camino vital, otros vínculos aparecen, se fomentan o se debilitan, parejas y amistades van y vienen, surgen o se alejan, pero las relaciones de familia se mantienen presentes de una forma u otra, de manera inevitable, sean como columnas que nos brindan estabilidad, como bisagras que nos articulan para experimentar sin resistencia los cambios o como vacíos de ausencias que nos retienen con grilletes que no paran de pesar y de doler.

 

La sintaxis del amor

La más reciente película de Trier (Reprise [2006] y La Peor Persona del Mundo [2021], entre otras), filmada en Noruega, se concentra en atender las cuestiones mencionadas –la difícil sintaxis del amor en el núcleo familiar cuando el lenguaje de los resentimientos se ha instalado en él–, a partir de un duelo por la pérdida materna que explicita las carencias de vínculos interrumpidos y no resueltos, con su correspondiente senda de círculos sin cerrar, que habrán de ser impostergables, a partir de un reencuentro entre un padre distanciado y un par de hermanas fortalecidas por el dolor compartido pero también, sobre todo, por su solidaridad fraterna que desde la infancia les ha dado la entereza necesaria para sobrellevar la vida y gestionar sus identidades aún incompletas y frágiles, pero identidades al fin.

A este planteamiento dramático que responde a premisas usuales dentro de la tradición narrativa del cine mundial, el realizador nórdico –coguionista junto a Eskil Vogt, como en su exitosa película anterior, creando juntos parlamentos y diálogos de afilada precisión que permiten distintos niveles de lectura– decide darle un enfoque complementario y enriquecedor a su obra, haciendo que los personajes principales sean artistas dedicados al cine y la actuación, aprovechando las implicaciones y sugerencias explícitas e implícitas, factuales y simbólicas, que tales oficios conllevan, haciendo de las escenificaciones teatrales y cinematográficas representadas y de las simulaciones verosímiles, ámbitos debajo de los cuales es posible –e indispensable, a veces– ocultar las emociones más auténticas, personales y profundas, conteniendo los dictados del dolor y la confusión que este suele producir.

Distintas virtudes de la puesta en escena hacen su aparición apenas inicia el filme, dando forma al hermetismo de lo doméstico al otorgarle a la casa materna –que abandonó el padre– la entidad de un personaje en sí mismo, que muestra sus craqueladuras como herencia de los descuidos propios de un hogar afectado y roto por las peleas maritales, cuyos espacios de resonancias y ecos permiten que la cotidianidad infantil de las niñas de la casa –Nora y Agnes– se pueble tanto de confesiones terapéuticas (sirviendo una estufa de calefacción como recurso donde escuchar las sesiones de la madre atendiendo a sus pacientes, aspecto que me hizo recordar la notable película Otra Mujer  [1988] de Woody Allen) como de acalorados reclamos entre marido y esposa, hasta convertirse en silencios mortecinos pero de cierta pacificación, una vez que los conflictos se apagaban como fogatas de infelicidad.

 

El espacio íntimo

Asimismo, en otra de las escenas iniciales de la película, vemos cómo el espacio de un teatro acaba por reflejar a su manera la opresión emocional que carcome a Nora ya adulta, en tanto personaje principal femenino, acompasado el montaje del drama representado, que al parecer es de Henrik Ibsen (el afamado dramaturgo noruego), con la densidad musical del quinto movimiento de la Sinfonía Fantástica, opus 14 de Héctor Berlioz, lo cual Trier contrasta de manera intensa y eficaz con un momento del parlamento femenino que se acompaña con iluminación expresionista y la irrupción abrupta de música industrial, en una línea representativa que recuerda las propuestas vanguardistas del director teatral Peter Brook. Con tales referencias intertextuales bordadas atinadamente y sin afanes de lucimiento cultista, la película declara de inicio tanto sus virtudes estéticas dosificadas con acierto, como su pertenencia a una cinematografía de raigambre europea, siendo varios los momentos en los que se plantean con sutileza e inteligencia diversos grados de contrapeso entre el modelo autoral con raíces en las nuevas olas y el sistema industrializado de los estrellatos hollywoodenses. Y a estos aspectos propios de un revisionismo crítico de la cultura cinematográfica, Valor Sentimental suma un admirable y rico manejo de recursos metaficcionales, espejeando con pulso firme los paralelismos entre la vida dentro del mundo de las escenificaciones y la que late en los escenarios propios de la realidad y la convivencia cotidiana, tejiendo de manera muy convincente una trama que habrá de desarrollar su creciente poetización hasta llegar al culmen del cierre de este entrañable y hermoso relato audiovisual.

Encarnando a personajes sensibles e imperfectos que se llega a querer a lo largo de esta historia, la solidez actoral y el casting preciso representan otros de los máximos valores del filme, con la brillante Renate Reinsve –suerte de musa del director– en el papel de Nora Borg, la actriz teatral y más afectada hija; el deslumbrante y veterano Stellan Skarsgård como Gustav Borg –el padre ausente–; Inga Ibsdotter Lilleaas como Agnes –la fiel hermana de Nora– y Elle Fanning –representando a una actriz estadunidense de fama similar a la suya, y llamada Rachel Kemp–, todos ofreciendo interpretaciones de avasallante naturalidad que los confirman como algunos de los más talentosos histriones del cine internacional de nuestra época, y cuya capacidad proyectiva y gestual hace que los planos que los captan en close up devengan auténticos mapas del corazón humano.

 

Diálogos y capas

A su vez, progresivamente, a través del desarrollo de su historia, Valor Sentimental pasa a enriquecer con dignidad el subgénero del cine dentro del cine, y lo hace desde una conciencia histórica que permite contrastar la herencia de la época gloriosa del cine de arte y ensayo surgido en los 60 y 70 del siglo pasado, con el pragmatismo de las mega corporaciones dedicadas hoy en día al streaming, y aunado a lo anterior, la película se reafirma también como fiel heredera de una tradición fílmica regional donde las relaciones interpersonales y los conflictos familiares han sido grandes protagonistas y campos de cultivo para diseccionar la condición humana (con ejemplos puntuales y de considerable impacto e influencia, destacando Secretos de un Matrimonio [1973] del gran Ingmar Bergman y Festen. La Celebración [1998], Dogma 95 en estado puro de Thomas Vinterberg).

Ahora bien, siendo parte de la continuidad de una respetada cinematografía con raíces comunes, la obra de Trier refleja, sin embargo, otro parámetro dramático, menos oscuro y existencialista, brindando posibilidades de reinterpretar de manera diferente el pasado de una familia rota, inyectándole en el presente un poco de calidez para arropar los temas pendientes, proyectando sobre ellos alguna luz a fin de resarcir, al menos parcialmente, el daño provocado por la falta de presencia física durante todos los años en los que era necesario mostrar, de facto, el amor paterno, por parte del “hombre cineasta” ocupado en forjarse una vida centrada en el “deber ser” laboral, sustentador de bocas, pagador de hipotecas, pero a fin de cuentas, simultáneamente –como en muchos casos–, seductor de mujeres y alimentador de su propio ego artístico tan embriagante, sobrado de sí mismo aun a costa de los demás, empezando por los seres más cercanos en consanguinidad.

Necesaria y sensible obra de evidentes tintes bergmanianos “puestos al día” –el homenaje a la inolvidable fotografía de Sven Nykvist en Persona (1966) es tan sólido como conmovedor, gracias a los recursos tecnológicos actuales y también al acento musical de la gran compositora e instrumentalista polaca Hania Rani–, la película ganadora del Gran Premio del Jurado de Cannes de este año –que bien podría haber obtenido la Palma de Oro– está al alcance de quien requiera experimentar una confiable catarsis emotiva por intermediación del cine –porque existe igual número de historias acerca de una familia que el total de integrantes que las crean y se las cuentan dentro de ella–, y puede verse en salas de México y América Latina desde el día de Navidad.

 

Cine en buenas manos

Obra maestra que en sus reflexiones profundas termina por afirmar el alto valor del arte como campo de comunión con los demás, y cuya honestidad sicológica y emocional la harán inolvidable al paso del tiempo, Valor Sentimental confirma que hoy el cine mundial está en muy buenas manos, gracias a autores como el gran Joachim Trier, y cierro mi crítica con una apreciación más íntima y personal: esta película es la más bella que he visto en los últimos cinco años (y por eso iré a sala de nuevo al menos una vez más en los siguientes días, donde volveré a llorar con toda seguridad durante el metraje… Ojalá nos veamos por ahí y la comentemos…).

Valor Sentimental puede verse actualmente en salas de cine del país.

Notas Relacionadas

Más sobre esta sección Más en Arte

Hace 11 horas

‘Acaba Epílogo del rock’: Muere en Saltillo, Carlos ‘Nono’ Zaldívar, músico que tocó en Avándaro

Hace 12 horas

INAH descarta daños en Teotihuacán por atípica granizada; desmienten fotos virales

Hace 16 horas

Pan de Pulque Quartet, jazz que conversa con el público; exploran la vertiente latina del género

Hace 16 horas

Exhibe poéticas miniaturas Primavera López Colunga; presenta su libro

Hace 1 dia

Valeria Padilla y su poderosa imagen que llegará a Harvard

Hace 1 dia

VIDEO: Imágenes de videovigilancia del Louvre muestran el infame ‘robo del siglo’

Hace 1 dia

Teje Daniela Elidett membrana creativa; explora el collage

Hace 1 dia

Entregará el Vito Alessio presea al Mérito Histórico a la Dra. Margarita Menegus

Hace 1 dia

Los niños que viven en las salas del Museo del Prado; repasa grandes pinturas

Hace 1 dia

Llegará Biblioteca Vasconcelos a dos décadas en la decadencia; promete SC mantenimiento

Hace 2 dias

El primer acto de emancipación de América de la última princesa azteca