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Coahuila

El laboratorio de la ligereza

Por Irene Spigno

Hace 3 meses

Querida amiga, querido amigo:

¿No tienes tú también la impresión de que este año ha sido más intenso y quizás más pesado de lo habitual?

Quizás haya sido por las exigencias del trabajo o por circunstancias personales. O tal vez por la gran incertidumbre y confusión que estamos viviendo a nivel colectivo. Incluso la astrología podría ofrecer una explicación a través de los intensos tránsitos de los últimos meses: Mercurio y Neptuno retrógrados, lunaciones especialmente movilizadoras y otros fenómenos que, para muchas personas, simbolizan una energía más orientada a revisar que a avanzar.

En este espacio no pretendemos encontrar respuestas definitivas ni atribuir explicaciones a lo que vivimos. Sin embargo, estoy convencida de que muchas personas compartimos una misma sensación: este es un año emocionalmente denso. Vivimos unos meses que nos han obligado a detenernos, cuestionarnos, cerrar ciclos y mirar de frente aquellas decisiones, situaciones y emociones que durante demasiado tiempo habíamos evitado.

No me refiero únicamente a la carga de trabajo, a las responsabilidades o a los compromisos familiares, personales o sociales. Pienso también en las conversaciones difíciles, las despedidas, las pérdidas, la incertidumbre, la confusión y las preocupaciones que muchas personas hemos tenido que enfrentar. Estamos viviendo un momento de profundo cansancio y agotamiento, no sólo físico sino también mental y emocional.

Por eso creo que no sólo merecemos descanso: también merecemos ligereza. No, no estoy hablando de esa ligereza superficial que ignore los problemas o nos obligue a sonreír cuando el corazón necesita llorar. Me refiero, más bien, a esa sensación que aparece cuando dejamos de cargar pesos que, en realidad, ya no nos aportan nada.

El escritor italiano Italo Calvino escribía en “Lezioni americane. Sei proposte per il prossimo millennio”, libro publicado póstumamente en 1988 y que se basa en una serie de conferencias que preparó para la Universidad de Harvard, que debemos tomarnos la vida con ligereza, “porque la ligereza no es superficialidad, sino deslizarse sobre las cosas desde arriba, sin tener piedras de molino en el corazón”.

Esa ligereza no aparece por arte de magia: se experimenta, se ensaya, se construye. Por eso me gusta pensar en este verano como en un laboratorio de ligereza. Un tiempo para probar una versión diferente de nosotras y nosotros. Un espacio donde podamos empezar a ensayar la vida que realmente queremos vivir.

¿Qué pasaría si dejáramos de sentir la obligación de estar siempre disponibles? ¿Si dejáramos de sostener sobre nuestros hombros relaciones que no son recíprocas? ¿Si aceptáramos que no podemos controlar las decisiones de los demás? ¿Si empezáramos a elegir conversaciones que nos nutren? ¿Si camináramos más despacio y nos detuviéramos a contemplar un atardecer? ¿Si nos permitiéramos no hacer nada, incluso aburrirnos? ¿Y si, simplemente, disfrutáramos sin convertir cada momento en algo útil o productivo?

Tal vez, en ese laboratorio de vida, descubriríamos algo que no esperábamos: que gran parte del peso que cargamos no proviene de nuestras obligaciones, sino de la resistencia con la que intentamos controlar o cambiar aquello que no depende de nosotras y nosotros.

La ligereza no significa superficialidad. Tampoco significa vivir sin responsabilidades. Significa reconocer cuáles son verdaderamente nuestras y cuáles merecen nuestra energía: el compromiso y el cuidado con las personas que amamos, el esfuerzo cotidiano para ser mejores personas para contribuir a un mundo mejor y la congruencia con nuestros propios valores.

Querida amiga, querido amigo: este es mi mayor deseo para estos días de descanso. Conviértelos en un laboratorio donde puedas experimentar una vida más ligera. Una vida en la que tu corazón se sienta libre de todos aquellos pesos que ya no necesitas sostener.

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