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Coahuila

El lado misógino y sanguinario de Agustín, el criollo quien se sintió noble

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 4 años

Cada que llegan los festejos de la independencia de México son varios quienes aparecen, en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales, reclamando porque no se considera entre los héroes patrios al criollo quien se sintió noble, Agustín Cosme Damián De Iturbide y Aramburu. Sus acólitos, que los hay, hasta organizan misas y actos de desagravio mientras claman por la “injusticia” que, dicen ellos, se comete al ignorar a su admirado quien, con un oportunismo singular, consumara la independencia. Aún continúan quejándose que cuando, en septiembre de 1925, el estadista Plutarco Elías Calles Campuzano decidió trasladar los restos de los héroes patrios, de la Catedral Metropolitana al Ángel de la Independencia, se olvidaron de llevarse los de Agustín. No entendemos de que se lamentan, lo dejaron entre los suyos, a los que se llevaron, siempre, los consideró sus enemigos, así que no hay motivo para tenerlos juntos, ni siquiera como restos óseos. Para que los admiradores del vallisoletano no vayan a acusarnos de sesgados, le solicitamos, lector amable, que nos acompañe en la revisión de algunos textos aparecidos dos publicaciones. Vayamos a ellas.

La primera es el Tomo II de la “Correspondencia y Diario Militar de don Agustín de Iturbide. 1814,” mismo que  fue publicado en 1926. En esta pieza nos encontramos un comunicado originado en Salamanca, Guanajuato, con  fecha 30 de diciembre de 1814, que Iturbide enviaba a su virrey, Félix María Calleja. En él, mencionaba que seguramente ya estaba enterado de “las órdenes que han dado los rebeldes de la Junta, para que se salgan, a la aproximación de las tropas del Rey, a los pueblos y haciendas, todos los vecinos, y aun los eclesiásticos; que se impida la introducción de víveres y demás efectos necesarios a los pueblos organizados; que de las haciendas y ranchos inmediatos se quiten los bueyes y ganados, y se extraigan las semillas, incendiándose con las que no puedan tomar, las oficinas en que se conservan; que se ejecute lo mismo con los pastos de todas las circunferencias de dichos puntos, en el ámbito de 3 a 4 leguas, y que los individuos que se encuentren dentro de este distrito , después de sus notificaciones, sean asesinados. Para contener la ejecución y consecuencias de tan bárbaras como horrorosas disposiciones, yo no encuentro otro recurso, Sr. Exmo., que las amenazas de castigos terribles y su cumplimiento a la letra, si llega el caso, sobre que deben recaer.” Ante ello, Agustín mostraba su indignación declarando que “habiendo desestimado los rebeldes la piedad [sic] del gobierno; en cerca de 4 años y 4 meses, no son acreedores ya a conmiseración alguna por su contumacia.” Esa piedad había sido demostrada cuando asesinaron a Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez para después colgar sus cabezas en la Alhóndiga de Granaditas o bien la manera, tan propia del catolicismo, como torturarían  y ejecutarían a Morelos un año después de que Agustín emitiera su bando.  Pero eso era pacata minuta y con un par de rezos se obtiene el perdón, faltaba más.  Lo que en aquel diciembre de 1814, era demostrarle al jefe que había mano dura para castigar a los insurrectos. Como muestra, le envió a Calleja una propuesta de bando en cuyo contenido exhibía una misoginia que poco se menciona. 

La imagen que se ha construido acerca de Agustín Cosme Damián es la de un galancete presto a enredarse con cuanta dama le saliera al paso. Poco es conocida, sin embargo, esta propuesta que le realizó al virrey para vengarse de los actos que llevaban a cabo los insurgentes. En ese contexto, revisemos este texto que pinta de cuerpo entero la cobardía y misoginia del criollo vallisoletano.

“Los rebeldes, que erigidos vocales por sí mismos, abrogándose el título de Majestad, pretenden regir a los demás de su partido, al mismo tiempo que con vergüenza andan fugitivos y dispersos por los montes y barrancas, han decretado que se incendien y talen cada tres meses, las casas, haciendas, semillas y campos de la circunferencia de los lugares organizados, y que se destierren o sacrifiquen los inocentes habitantes de dichas haciendas y rancherías, etc .” Ante esta descripción era de esperarse que la propuesta fuera intensificar la persecución de  esos grupos y derrotarlos por la vía militar. Sin embargo, no fue así. 

De Iturbide y Aramburu proponía tomar otras medidas que pegaran en donde más podía dolerles a los rebeldes, en sus mujeres. En ese contexto establecía que “para contener tales horrores, hijos de la barbarie y desesperación, es preciso tomar las más serias providencias, pues que al frenético , el azote, más que la razón , le hace entrar en su deber .- Luego que se queme aun una sola choza, de cualquiera partido de los que cubre la tropa de mi mando, después que se haya publicado este Bando, a lo menos en su Cabecera, haré diezmar las mujeres de los cabecillas y soldados rebeldes, que tengo presas en Guanajuato e Irapuato, y las que en lo sucesivo aprehendiere : a las que les toque la suerte , serán fusiladas, y puesta su cabeza en el lugar donde los de su partido hayan cometido el delito que se castiga.”  Ni duda cabe, toda una demostración de que, por si lo dudaban, ahí estaba un ejemplo de lo que debería de ser un macho bragado quien, imposibilitado de derrotar a los rebeldes, iba en contra de sus mujeres y como era propio de quienes no dejaban pasar el rezo diario y la confesión-comunión periódica, nada como dar una muestra de su piedad religiosa y exhibir los despojos de las ejecutadas, después de todo eran herejes por asociación. Pero ahí no paraba la propuesta.

En aquellos casos “cuando asesinen a algún individuo, por que introduce víveres, leña etc., a los pueblos fieles, se ejecutará con el tercio de dichas mujeres lo que previene el artículo precedente con el diezmo. — Si asesinaren los rebeldes a algún correo o soldado, que por accidente cojan sólo en el campo, y no en acción de guerra, serán pasadas por las armas, sin excepción, todas las repetidas mujeres; y el mismo castigo se ejecutará, cuando en los extramuros de cualquiera lugar fiel, sea sacrificado cualquiera de sus vecinos.” Con esta propuesta les alcanza a los misóginos de todos los tiempos para encontrar al santo patrono que andaban buscando. Sin embargo, en 1814, Agustín no se conformaba con exterminar mujeres, si eso no bastaba advertía que “finalmente, si estos ejemplares y castigos terribles, no fueren suficientes para contener los horrores decretados por los rebeldes, inauditos ciertamente en todo país culto, entraré a sangre y fuego en todo territorio rebelde; destruiré, aniquilaré cuanto hoy es posesión de los malos: Valle de Santiago, Pénjamo, Pueblo Nuevo, Piedra gorda, Santa Cruz, etc., etc., dejarán de existir. – Y para que llegue a noticia de todos, y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en todo el distrito de esta Provincia, fijándose en los lugares públicos.” Por lo que se lee, el futuro consumador andaba desesperado, sediento de sangre y, al parecer, algo le debían las damas para hacerlas objeto de sus venganzas.  Sin embargo, la propuesta era tan cruda que, hasta uno de su calaña, Calleja, tuvo que frenarlo pues aquello le pareció extremo.

En la respuesta de sanguinario a sanguinario, fechada el 11 de diciembre de 1815, le indicaba que: “Me he enterado del oficio de V. S. Núm. .327 de 30 de Diciembre último, y copia de Bando que me acompaña, y aunque es cierto como V. S. expone, que los rebeldes después de la piedad [sic] con que los ha tratado el Gobierno, no son acreedores a que se tenga con ellos conmiseración alguna, como los castigos con que V. S. amenaza a las familias de ellos, pueden tener graves dificultades en la ejecución; será bien que antes de verificar el castigo, observe V. S. los efectos que produce la conminación y el amago, y me comunique lo que ocurra en continuación de su celo por la pacificación del país.” Después de revisar cuanto aprecio tenía Iturbide por la vida de  las mujeres, pasemos Algo más de como trataba a las mujeres cercanas a él y  revisar lo que opinaban los de su tiempo acerca de la conversión independentista que sufrió años después.

Para ese propósito, nos asomaremos al texto del libro ‘Bosquejo ligerísimo de la revolución de Mégico desde el Grito de Iguala hasta la proclamación imperial de Iturbide” publicado, en 1822, en Philadelphia cuyo autor se identifica como “Un verdadero americano.” En esta publicación, se menciona un asunto que es muy conocido.  Por quien sabe que razón, una vez ya triunfador gracias a la conversión, el tal Agustín se dio a la tarea de demostrar que era buen gallo en cualquier tálamo y, en las palabras de 1822, “Contrajo trato ilícito con una señora principal de Mégico, cuya reputación de preciosa rubia, de seductora hermosura, llena de gracia, de hechizos y de talento, y tan dotada de un vivo ingenio para toda intriga y travesura que su vida hará época en la crónica escandalosa del Anáhuac.” La dama en cuestión no era otra sino María Ignacia Rodríguez De Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra, a quien todos conocemos como “La Güera Rodríguez,” y quien alguna “virtud debió de tener pues el chico vallisoletano no fue el único prócer que cayó rendido a sus pies. Pero, al fin de cuentas, eso era un asunto entre adultos. Sin embargo, en donde Iturbide y Aramburu mostró que su aspiración a sentirse noble no era más que una pretensión de payo mal fajado fue en las acciones que se derivaron de esa relación. 

Toralmente  deschavetado, o como, elegantemente, se menciona en  el texto “esta pasión llegó a tomar tal violencia en el corazón de Iturbide, que lo cegó al punto de cometer -la mayor bajeza que puede hacer un marido; con el objeto de divorciarse de su esposa, fingió una carta (y aun algunos dicen que él mismo la escribió), en la que, falseando la letra y firma de su -Sra., se figuraba que ella escribía a uno de sus amantes; con ese falso documento se presentó Iturbide al provisor pidiendo el divorcio, el   convento de S.  Juan de la Penitencia. Esta inocente y desgraciada víctima  de tan atroz perfidia, solo se mantuvo con seis reales diarios que le asignó para su subsistencia su desnaturalizado marido.” ¿Pero a que hora se iba a dar tiempo Ana María Josefa Ramona Huarte Muñiz para andar con devaneos si Agustín la mantenía embarazada? Entre 1807 y 1822 la señora dio a luz  diez veces. Por ello, y otras cosas, la imagen del criollo quien se creía noble no era la mejor ante quienes no esperaban un mendrugo como recompensa.

Los Liberales estaban convencidos de que “la conducta que siempre ha manifestado Iturbide hace increíble que sea capaz de una obra buena. Aun cuando ha practicado alguna acción aparentemente virtuosa, lo ha hecho con objetos relativos a su propio interés. Así lo vimos cuando tomó ejercicios espirituales en la Profesa, sin otra mira que la de acallar a su mujer, justamente irritada con la calumnia que le levantó, y por el trato ilícito que mantenía con la Señora ya antes citada.” Ya lo sabemos, una cooperación generosa al encargado del recinto religioso y el pecador se convierte en virtuoso y la dama da fe de ello inmersa en la amnesia, como sucedió en ese caso. Aleluya. 

Pero quienes no compraban redenciones falsas estaban seguros de que Iturbide “Jamás [había] ejercido en sus mandos la generosidad, la conmiseración, ni otra alguna virtud laudable, sino por miras particulares, ya de seducir alguno para que entregara o denunciara a los insurgentes, ya para que, le descubrieran sus proyectos, y ya para que le sirvieran de emisarios en sus correrías. En una palabra, [era] un nombre connaturalizado con el crimen, con la hipocresía, con la bajeza, con la maldad y con la intriga. Tanto la virtud como el vicio se adquieren por grados, y no de repente… El desempeñar con toda la dignidad de un héroe la empresa que ha tomado Iturbide entre manos, es obra de la virtud más acendrada. Todo lo anterior los llevaba a realizarse preguntas diversas.

“¿Y tendrá lugar esta en su corrompido corazón? ¿Será posible que Iturbide haya adquirido instantáneamente este fondo de perfección, sufocando sus perversas inclinaciones, arraigadas con el ejercicio de sus hábitos? ¿Podrá repentinamente haberse convertido de cruel en piadoso, de tirano en filantrópico, de sanguinario en humano, de ambicioso en liberal, de codicioso en desinteresado, de entusiasta defensor de la tiranía española, en enemigo de su dominación; y finalmente de enemigo acérrimo de la libertad de su patria en su más decidido protector? ¿Quién pudo hacer tan imposible metamorfosis? En un primer rebote, anhelaban creerlo.

Por ello, escribían que “es preciso confesar que, si ella se ha verificado, solo puede ser un prodigio… Si Iturbide efectivamente está convertido de corazón  por un arcano de la Providencia, ya no hay más que desear; pues sujetándose enteramente a la voluntad de la nación expresada por su Congreso, libre y legítimamente constituido, está ya conseguida la libertad del Estado Mexicano. Mas si Iturbide no lleva, como es de creerse, otro fin que sus miras particulares, para obtenerlas ha de ir por necesidad valiéndose poco a poco de sus maldades, tanto más abominables, cuanto es ahora mayor su trascendencia pública, que la que tenía cuando era un comandante de poca representación. Entonces podía ocultarse a los ojos de muchos; ahora a los de ninguno, pues Iturbide es el punto de vista de toda la América y de todas las naciones. Entonces había un gobierno español interesado en solapar sus crímenes: ahora falta este, y en su lugar hay infinitos ojos interesados en descubrirlos y publicarlos para la felicidad común.” Ahí no paraban con sus esperanzas de que se hubiera redimido. 

Apuntaban: “Convengamos, pues, en que debemos unirnos a Iturbide para hacer nuestra independencia: si obra bien, nada hay más que pedir; y si mal, el mismo se labrará su ruina, de que nacerá nuestra felicidad, aunque se retarde un poco en el segundo caso.” Pero como diría un amigo nuestro, la primera versión es la verdadera e Iturbide  resultó lo que siempre había sido un oportunista, ventajoso y mentiroso. Una vez ya instalado en el cargo, resurgió su yo autentico. Era un misógino para quien las mujeres no eran sino un objeto de uso. Si no le eran útiles pues a fusilarlas como proponía en 1814, ahora que si pudieran proporcionarle algún servicio pues  el determinaría la forma en que habría de  emplearlas para obtener un beneficio personal. Los enemigos insurgentes a quienes convenció de que era su amigo serían útiles hasta el momento en que se convirtieran en obstáculo para cumplir con el sueño de convertirse en emperador, tener una corte de  adoradores a su servicio, pensar que con ello se transformaba en noble  y por vivir en un palacio se transformaba en el monarca que todo el pueblo adoraba. Sin embargo, el sueño le duró poco y la realidad terminó por imponerse. Ni quien cuestione que De Iturbide y Aramburu fue quien consumó la independencia de México. Esto, sin embargo, lo obtuvo mediante la traición, primero a los suyos y después a quienes hizo creer que se aliaba  a la causa independentista por convicción para que al final terminara mostrando  su talante verdadero. Así que, en caso de que, a usted, lector amable, el 27 de septiembre próximo alguien le salga con que se comete una injusticia por festinar al criollo quien se sintió noble, dígale que si,  efectivamente, es injusto que sus restos estén en donde se encuentran, ya que deberían de ubicarse varios kilómetros más abajo en el sitio al cual pertenece, dada su condición de traidor, misógino y sanguinario. [email protected]

Añadido (22.36.142) La regla número uno es primero poner en orden los asuntos de casa y después irle a decir a los habitantes de otro suburbio, quienes no te han pedido asesoría, como resolver los suyos. ¿Acaso es tan difícil de entenderlo?

Añadido (22.36.143) ¿A cuantos de los senadores priistas terminara por  ganarles su amor secreto  por la causa  Morena? Conste que no nos referimos a la que adoran en el Tepeyac.

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