El principal origen de los problemas ridículos y desastres del régimen populista, proletario actual, es la estructura de autoridad de quien posa sus extremidades posteriores en la silla presidencial.
Una autoridad vertical, que es esa estructura, es muy difícil, porque requiere de una capacidad y conocimientos enormes y lleva el riesgo de grandes desastres.
En la historia mundial reciente, Stalin, Mao, Ceaucescu, Ferdinando Marcos de Filipinas, Tacho Somoza de Nicaragua, son ejemplo de ese estilo, y todos ellos fueron nefastos.
En México, desde la declaración de Independencia, la mayoría de los presidentes han sido de autoridad vertical, Antonio López de Santa Ana era, probablemente, el presidente más popular que hubo, pero gracias a sus decisiones viscerales se metió siempre en problemas, Juárez fue el más rabioso autoritario, el haber sido beneficiario de los proyectos de la unión americana, le dieron la suerte de ser presidente cuando el gobierno gringo echó fuera y ordeno ejecutar a Maximiliano.
Cuando Francisco I. Madero fue derrocado y ejecutado, tenía poca popularidad, muchos habitantes del valle de México deseaban que se fuera, y festejaron la llegada al poder de Victoriano Huerta, había sido el segundo presidente que creía en el trabajo de equipo, (el primero fue indudablemente, Don Porfirio Diaz, que se rodeó de gente capaz y los dejo trabajar y decidir).
Salinas de Gortari, contra todo pronóstico, se rodeó de gente capaz y los dejó actuar, generando beneficios al país, pero no pudo desprenderse de sus obligaciones priistas, causando problemas económicos, que, sumados a acciones de sus enemigos políticos, causaron una profunda crisis al inicio de la gestión de Zedillo, que, como presidente, fue un excelente empleado del banco mundial
Fox y Calderón tuvieron siempre trabajo de equipo y eso hizo que la economía mexicana no tuviera crisis por el cambio de sexenio.
Los últimos ridículos del Presidente, en un Jeep, que se intenta sacar del fango por soldados, son solo adicionales a la muestra de que no hay presidente en México.
Nadie en el servicio público se atreve a corregir al señor.
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