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Hace 1 semana
Los temas abordados en las columnas de este espacio han versado sobre aranceles, diversificación comercial, reglas de origen en el contexto del T-MEC, la política comercial estadounidense, entre otros. En esta ocasión, vale la pena dedicar este texto a las condiciones bajo las cuales los países producen y compiten. Este asunto resulta apropiado porque, durante la reunión más reciente del G20 celebrada en Estados Unidos, fue una de las discusiones que ocuparon la agenda de los ministros de Comercio.
México, Canadá y otras doce economías se sumaron a una iniciativa encabezada por Estados Unidos para combatir la sobrecapacidad industrial, la producción excesiva y prácticas comerciales que distorsionan los mercados. Este no es un tema nuevo, los ministros de Comercio del G20 reunidos en Shanghái en julio de 2016, ya advertían que el exceso de capacidad productiva en algunas industrias podría perjudicar al comercio internacional y los empleos globales.
Pero, ¿qué significa la sobrecapacidad industrial o producción excesiva y qué la provoca? De acuerdo con información del comunicado de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) emitido el pasado 7 de octubre, esta situación ocurre cuando la capacidad productiva y la producción de determinadas industrias superan la demanda del mercado mundial, y son sostenidas por subsidios gubernamentales u otro tipo de intervención que distorsionan las condiciones del mercado.
Aunque este documento no señala textualmente a China, la industria del acero de ese país es el ejemplo ideal para entender la producción excesiva derivada de subsidios gubernamentales. Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las empresas chinas reciben cinco veces más subsidios por unidad de ingresos que las empresas de otras economías y diez veces más que las empresas de los países miembros de la OCDE.
Los estímulos van desde créditos bancarios estatales con tasas de interés inferiores a las del mercado, hasta costos muy bajos de electricidad, carbón y gas natural, entre otros. Estas ayudas estatales —que llevan más de dos décadas— provocaron la construcción de más empresas fundidoras de las que el mercado realmente necesita, y aún más, China no consume todo el acero que produce, por lo que, el excedente se destina a los mercados internacionales a precios artificialmente muy bajos.
Las consecuencias de esta sobreproducción van más allá de la industria china. Cuando el acero ingresa a los mercados internacionales a precios artificialmente bajos, los productores de otros países enfrentan dificultades para competir, pues deben cubrir costos de producción sin recibir necesariamente los mismos apoyos gubernamentales. Esto puede traducirse en menores ventas, reducción de utilidades, cierre de empresas y pérdida de empleos. Para países como México, particularmente en regiones con una importante industria siderúrgica el problema es más relevante. De ahí que la nueva disputa comercial no se trate de quién produce más acero, sino bajo qué condiciones producen y compiten en los mercados internacionales.
Este fue el tema central de la reunión del G20 de la semana pasada en donde Argentina, Australia, Canadá, la Unión Europea, Francia, Alemania, India, Italia, Japón, la República de Corea, México, Polonia, Turquía, el Reino Unido y Estados Unidos firmaron un acuerdo para establecer compromisos de cooperación para proteger las industrias y los empleos de sus países.
Sin embargo, el caso mexicano es muy particular en este contexto, en las columnas anteriores se ha documentado la dependencia de nuestra economía de insumos y componentes chinos para producir lo que posteriormente vendemos al mundo, en este sentido, ¿cómo enfrentará México la sobreproducción industrial extranjera sin afectar las cadenas productivas de las que depende su industria exportadora? Una interrogante que será motivo de reflexión en próximas entregas de este espacio.
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