Controlar el 70% de los medios de comunicación en el mundo le permite al gran capital imponer sus intereses económicos y políticos e incluso desestabilizar a cualquier Gobierno. Las soberanías nacionales, la democracia y la verdad son accesorios. Reporteros Sin Fronteras (RSF) denuncia en la investigación Medios de comunicación. Los oligarcas se van de compras: «El periodismo y la libertad de informar se enfrentan a un muro invisible: el del dinero y los conflictos de interés». La situación «plantea nuevos retos para la independencia de la prensa» y desafíos para la democracia, apunta. En paralelo con el informe, publicado en 2016, RSF lanzó la campaña Cómo los oligarcas matan la libertad de información.
«Se trata de un fenómeno mundial: la tendencia a concentrar en un grupo de medios de comunicación (televisiones, radios, diarios, sitios web), junto con otras empresas de diversos sectores: bancarios, telefónico, inmobiliario, de la construcción, etc., con gran frecuencia, para fortuna de Estados como China, que adoptaron el capitalismo para asfixiar mejor a la democracia», advierte la ONG con sede en París, Francia. En 1983, medio centenar de compañías controlaban el 90% de los medios a escala global; para 2011, el número ya había bajado a seis. Los gigantes multinacionales de las telecomunicaciones son Comcast, The Walt Disney, News Corporation, Time Warner, Viacom y CBS, todos con sede en Estados Unidos. El poder de los «Big 6», como se les conoce, es abrumador: representan mil 500 periódicos, mil 100 revistas, 2 mil 400 editoriales, 9 mil radios y mil 500 canales de televisión.
Pero «más allá de la exactitud de estos datos, podemos decir que este es el poder mediático en el mundo hoy, lo que se traduce en un colosal poder económico, pero también político y, especialmente, ideológico. (…) lo importante reside en el hecho del casi absoluto control que hoy ejercen un puñado de grandes grupos mediáticos, el cual (…) tiene su correlato además de en el ámbito económico, en otras esferas como la política y social de los diferentes países», dice Jesús González Pazos en Medios de comunicación, ¿al servicio de quién?, publicado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).
El libro abre con esta reflexión de Denis de Moraes, Ignacio Ramonet y Pascual Serrano, autores de Medios, poder y contrapoder. De la concentración monopólica a la democratización de la información: «Pero, ¿quién controla al poder mediático? Es el único en nuestras sociedades que no tiene contrapoder. Luego, no es democrático». Los autores no objetan el ejercicio periodístico, pero ponen de relieve que «los medios de comunicación, en nombre de la libertad de expresión, no aceptan ningún tipo de crítica».
Enseguida cuestionan: «¿No la aceptan en nombre de la libertad de expresión o no la aceptan en nombre de la libertad de empresa? Ese es el problema, porque ¿qué es lo que defienden? En general son empresas mediáticas que evidentemente no aceptan la crítica; si alguien critica la institución mediática, se ve inmediatamente excluido del juego democrático». El presidente Andrés Manuel López Obrador abrió desde un principio el debate sobre el papel de las corporaciones mediáticas y los grupos de poder que los controlan e impugna el cambio de régimen. Ese debe ser el núcleo de la discusión. Loret de Mola, el nuevo «adalid» de la libertad de expresión, no pasa de la pura anécdota.
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