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El narco desaloja un pueblo de México a bombazos

  Por AFP

Publicado el jueves, 21 de mayo del 2026 a las 13:37


Los narcos llegaron de repente, dispararon contra sus pobladores, bombardearon con drones sus casas y los expulsaron.

Ciudad de México.— El ladrido de los perros rompió el silencio en una comunidad indígena de México. Los narcos llegaron de repente, dispararon contra sus pobladores, bombardearon con drones sus casas y los expulsaron.

No quedó nada. Tula quedó en escombros, sus animales están hambrientos.

Este poblado de unas pocas familias queda en las montañas del estado de Guerrero, muy pobre aunque famoso por el balneario de Acapulco.

El ataque fue atribuido a Los Ardillos, una banda criminal dedicada al narcotráfico, la extorsión y el secuestro en Guerrero.

Al menos tres personas murieron, según un balance de las autodefensas indígenas en la zona. No hay un conteo oficial.

El techo de latón de una de las casas cayó hacia adentro por las bombas. Un catre quemado, bajo una pequeña estantería metálica, y el esqueleto de un ventilador quedaron en la habitación. Hay vidrios por todos lados, constataron periodistas de la AFP en el lugar.

Una ventana tiene la marca de un disparo de fusil. Hay casquillos esparcidos por las calles polvorientas.

María Cabrera se cubre el rostro con una frazada para llorar cuando recuerda que lo perdió todo en el fuego.

“ Ceniza, está ceniza, y por eso me da tristeza”, dice esta artesana de 74 años. “Quemaron mi trabajo como si no pudiera yo trabajar, aquí ando en la calle como ese perro que no tiene dueño”.

“Derrotada”

Cabrera y otro centenar de personas terminaron desplazados en Alcozacán, a 15 minutos en auto de Tula.

Hacen fila en una cancha para recibir una bolsa con leche, harina para tortillas, enlatados, papel higiénico. La mayoría son mujeres con tapados tradicionales indígenas con bordados delicados y colores vivos.

Efectivos de la Guardia Nacional custodian el lugar, aunque los pobladores coinciden en que su presencia apenas aplaca la violencia. No hay arrestos, decomisos, destrucción de algún laboratorio de drogas.

“ El objetivo es pacificar mediante el diálogo”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum la semana pasada.

Una casa sirve de capilla improvisada para velar a los muertos, que eran autodefensas del llamado Consejo indígena popular de Guerrero, CIPOG-EZ, con unos 60 miembros armados en la zona.

Los “enfrentaron, estuvieron en la resistencia y lucharon hasta donde pudieron para defender el pueblo”, dice Sixto Mendoza, del CIPOG-EZ, que hacen frente a Los Ardillos.

Un grupo de mujeres encabeza la procesión con incienso y flores hasta el cementerio, en lo más alto de la montaña y con pequeños mausoleos de colores.

Una banda de música regional irrumpe entre el silbido de la brisa fresca de la tarde.

Entre las ofrendas están las botas tácticas, el pantalón y las camisetas del CIPOG-EZ de las víctimas.

La pareja de uno de ellos se dice “derrotada”. “Apenas nos habíamos juntado, no tuve mucho tiempo con él”, dice esta joven de 16 años bajo anonimato. También perdió a su tío.

“Jamás voy a regresar”

Una cabra se pasea entre un techo caído en Tula, tiene herida una pata. Hay gallinas, perros, chivos que recorren las calles sin nadie que los alimente.

En algunas casas queda en pie apenas una pared. Aún se puede ver el humo.

Prisco Rodríguez llega a Tula para inspeccionar después del ataque. “No hay nadie”, dice este integrante del CIPOG-EZ en un video que graba mientras camina.

“ La idea de ellos es la misma”, dice: “Someter a los que se dejen y matar a los que no”. “Una vez que entran empiezan a cobrarte cuota (coima) por todo, hasta por vivir”.

“ Son muchos pueblos que están viviendo esta situación”, pero “todos se tienen que quedar callados”, añade.

Los Ardillos no tienen planes de instalarse en Tula, estima David Saucedo, especialista en seguridad pública. La idea es acabar con los pueblos que apoyan y asisten al CIPOG-EZ: “Que ya no tenga dónde curar sus heridas, reabastecerse de víveres, tener agua, descansar, ocultarse”, dice.

“ Ha habido un incremento de los ataques en contra de pueblos y comunidades” porque “están en una posición de expandirse, de incrementar sus dominios”.

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