Si alguien está curtido en luchas sociales y ha pagado el costo por defender la dignidad y los derechos de los pobres frente a los poderes públicos y fácticos –acoso, amenazas, campañas mediáticas e infamias– es el Obispo de Saltillo Raúl Vera López. Premio Rafto para los Derechos Humanos 2010 y candidato al Nobel de la Paz en 2012, el dominico espera la respuesta del papa Francisco sobre su renuncia. El propio Jorge Bergoglio, en acatamiento de la norma, dimitió en 2013 como arzobispo de Buenos Aires al cumplir 75 años. Pero en lugar del retiro le esperaba la Cátedra de Pedro.
Sobre la Orden de los Predicadores (o Dominicana, en honor de su fundador Domingo de Guzmán, en 1215) a la que Vera pertenece, se dice que son “los perros del Señor” por la analogía entre las palabras latinas Dominicanus (Dominicos) y Domini Canis. Sin embargo, no se trata solo de una anécdota o de un simple juego de palabras. Según la tradición oral, la madre de De Guzmán, antes de dar a luz, soñó que un perro blanquinegro salía de su vientre con una antorcha encendida en la boca, y que a su paso la tierra se incendiaba. Fue en el monasterio de Santo Domingo de Silos donde su visión halló respuesta: su hijo, mediante la predicación, inflamaría el fuego de Cristo en el mundo.
La icnografía de la orden dominica es rica en esa imagen. El sabueso con la antorcha siempre luminosa acompaña al santo lo mismo en cuadros que en estandartes, en estatuas que en pinturas al fresco; asimismo custodia en capiteles el “árbol del Señor”. El escudo de armas y el hábito dominicano también son blanco y negro, símbolos de “pureza y penitencia, muerte y resurrección”. Sin completar aún los 20 predicadores, Domingo de Guzmán los dispersó por el mundo con un argumento irrefutable: “El trigo amontonado se pudre, esparcido produce mucho fruto”.
Nacido en Acámbaro, Guanajuato, fundada por misioneros franciscanos en 1526, lo que distingue a Vera en 32 años de trabajo pastoral en Ciudad Altamirano, San Cristóbal de las Casas y Saltillo, es la claridad de su mensaje y la congruencia de sus actos. Su nombramiento por el papa Juan Pablo II, el 30 de diciembre de 1999, fue un revulsivo. La oligarquía local le hizo la cruz, los gobiernos –sobre todo el de los Moreira– le declararon la guerra por exhibir sus excesos y corruptelas. La prensa oficialista le ha inventado mil historias.
La imagen de “campeón de los derechos humanos” que Moreira II se fabricó para lavar la cara del clan por las masacres en Allende y Piedras Negras y las innumerables desapariciones forzadas en el estado, se hizo pedazos el 6 de julio de 2017 cuando la Federación Internacional de Derechos Humanos, el Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y 80 organizaciones más presentaron ante la Corte Penal Internacional la comunicación, México: Asesinatos, Desapariciones y Torturas en Coahuila de Zaragoza Constituyen Crímenes de Lesa Humanidad.
A Vera se le ha llamado “rebelde” o “rojillo” como a otros obispos: Marcel Lefebvre, Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz; al francés, por sus críticas al Concilio Vaticano II; y a los mexicanos, por la influencia del sínodo en su tarea pastoral y su activismo social dentro de la teología de la liberación en el contexto de América Latina. Incómodo para la jerarquía católica, el poder político y las oligarquías –igual que Vera– Ruiz fue visitado en su tumba por el papa Francisco. El Papa tiene hoy en sus manos el futuro del frayle dominico que en 2016 le acompañó en toda su gira por nuestro país.
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