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Rodrigo Flores
Publicado el viernes, 4 de marzo del 2011 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Dedicación, vocación y servicio son tres de los principales dones que el padre Julio César Ibarra Leos dejó de enseñanza en tierras africanas, tras su fallecimiento en un accidente automovilístico el pasado 30 de enero, cuando pretendía llegar a oficiar una misa en la ciudad de Mwanza.
El presbítero es recordado por sus familiares como una persona alegre y dedicada a su vocación, la cual surgió a raíz del sensible fallecimiento de su hermano cuando era joven, por lo que buscando paz encontró a Dios y eligió el servicio para quienes más lo necesitan.
VOCACIÓN TARDÍA
“Mi hijo nació el 21 de marzo de 1962. Era muy alegre, y lo que él quería lo lograba, nunca nos dijo que le gustaba esa vocación, estudió Comercio Internacional en el Tecnológico de Saltillo y cuando se graduó, de ahí fue cuando le nació la vocación: otro de mis hijos murió en ese tiempo y empezó con los cursos bíblicos”, dijo María del Socorro Leos, madre del sacerdote.
Fue ahí que buscando la paz encontró su verdadera vocación, la cual iba girada hacia el servicio a la comunidad y a llevar la Palabra de Dios a donde no existía, por lo que se unió a la congregación Misioneros de Guadalupe en la Ciudad México.
A los 19 años su vida dio un giro completo, ya que cambió sus años de estudio por libros religiosos, en donde encontró una nueva forma de ayudar a las personas, y de sentirse orgulloso de sus acciones no sólo en su ciudad de origen, Saltillo, sino en el resto del país y del mundo, ya que empezó a viajar a comunidades marginadas para ofrecer sus servicios.
“Empezó los cursos bíblicos, ya tenía 19 años, me dice: ‘Mamá, me voy a hacer una experiencia con los Servidores de la Palabra en un año’ y se fue. Primero a hacer sus misiones en varias partes, de ahí me habló y me dijo: ‘Yo ya me voy a ordenar’. Se fue a México a Campo Misión”, comentó la madre.
PREDICADOR
Fue como surgió un nuevo predicador de la Palabra de Dios y de ahí su vida fue andar de rincón en rincón del planeta, con la gente más necesitada y con quienes requerían de ayuda urgente, meta que consiguió hasta su último día de vida.
Sus primeras misiones fueron en México, cuando nació la Congregación de Misioneros de Guadalupe, y fue de los pioneros en llevar su vocación fuera del país, por lo que pronto emigró a Estados Unidos, donde estuvo cerca de cinco años.
Su madre comentó que su primera misión fue en Chimalhuacán, Estado de México, para partir de ahí rumbo a Los Ángeles, California, por lo que sus visitas a esta ciudad fueron cada vez más esporádicas por la distancia, aunque la comunicación vía telefónica siempre fue constante.
» Nació el 21 de marzo de 1962. RUMBO A ÁFRICA
Tras cumplir con el tiempo de su misión, emigró hacia la ciudad de Mwanza en Tanzania, donde pasó sus últimos días de vida, donde estaba feliz por su trabajo y por la misión que le mandó Jesucristo, por lo que a pesar de las adversidades y de las condiciones en las que vivía, él sentía que era el sitio donde tenía que estar.
“Él decía que estaba muy bonita su misión, que había mucha pobreza, abrieron un dispensario, trabajaron mucho para ayudar a la gente, tenía fotos de niños que comían en el piso, decía que comían con la mano porque no tenían cuchara, nos pedía ayuda que le ayudáramos para pagarle a las personas que le ayudaban”.
Al ver las necesidades de la gente de esa población, sus familiares en Saltillo comenzaron a hacer colectas en la parroquia de Cristo Rey y otras actividades para enviar recursos y ayudar a toda esa gente que se atendía en el dispensario, a quienes el padre Julio César adoptó como familia.
Ahí junto con el padre Gilberto Torres, quien lo ha acompañado durante su viaje como misionero en África y quien también es de Saltillo, abrió un centro de atención donde ayudan a las familias con comida, y enseñan a cocinar a las mismas personas.
“Estaba muy contento porque había enseñado a los niños a cocer frijoles, es lo que comen frijoles y arroz, los pequeños le preguntaron que cómo se hacían y mi hijo les enseñó, fue lo que me comentó, la gente lo quería mucho”, agregó.
LEGADO
A pesar del sensible fallecimiento, el padre César dejó un legado importante en África, pero sobre todo quedará en el recuerdo de los habitantes y en especial en el de una familia de Mwanza, ya que uno de los niños lleva su nombre como agradecimiento por su labor en Tanzania.
“Comentó que en diciembre él estaba ofreciendo una misa y que llegó un niño a decirle que estaba una mujer afuera, que iba a tener un bebé. Él traía las llaves del dispensario y corrió a ayudarla, pero cuando llegó ya estaba el niño afuera, lo que hizo fue recogerla, cortó el cordón umbilical y la llevó al centro”, dijo María del Socorro.
Días después de este suceso, la familia de la mujer que fue ayudada por el padre César acudió hasta la capilla para agradecerle por la acción que había realizado y le pidieron un último favor: que él bautizara al pequeño, y que le pusiera como nombre Julio César.
“A los pocos días fueron los papás de la señora y le dieron las gracias, le dijeron: ‘Padre, muchas gracias por lo que hizo por nosotros’; ‘no, no tienes por qué darme las gracias, para eso hicimos esto, para atenderlos’. ‘Nada más le vamos a pedir otro favor, que si nos bautiza al niño, pero le vamos a poner su nombre aunque esté rarito’, le dijeron”, agregó la madre.
MISA
Fue así como sus últimos días transcurrieron en el continente negro, hasta el día que murió en el accidente automovilístico en cumplimiento de su misión y siempre con la necesidad de apoyar a los más necesitados, una de las visiones de los misioneros a nivel mundial.
Sus cenizas llegarán hoy a Saltillo las 8:30 horas, y se ofrecerá una misa para pedir por su eterno descanso a las 9:00 horas en la iglesia Cristo Rey, donde será velado hasta las 19:00 horas para ofrecer otra misa, para después culminar con el despido el próximo domingo a las 13:00 horas, en Catedral, donde ofrecerá una misa el obispo Raúl Vera.
SEMBLANZA
» Falleció el 30 de enero de 2011.
» Estudió Comercio Internacional en el Instituto Tecnológico de Saltillo.
» Tras recibirse, a los 19 años, le llegó la vocación religiosa.
» Su primera misión fue en Chimalhuacán, Estado de México.
» Posteriormente estuvo en Los Ángeles, California.
» Al momento de su deceso, se encontraba de misión en Mwanza, Tanzania.
» Era acompañado por otro sacerdote saltillense, Gilberto Torres.
» A un niño africano le pusieron el nombre del sacerdote, como homenaje luego de que el cura salvara la vida del pequeño.
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