El aún dueño de ese gigante que es Altos Hornos de México, Alonso Ancira, está luchando como un desesperado para evitar su extradición a México.
Lo notable es que en su comparecencia ante la Audiencia Nacional de España, ponderó la retórica sobre los argumentos jurídicos.
Ancira le dijo a los magistrados ibéricos, entre otras cosas, que es un daño colateral, que paga el precio de ser amigo de altos funcionarios de anteriores administraciones; comparó a AMLO con Hitler y afirmó que no quiere ser extraditado ya que en México no prevalece la justicia.
Bueno, pues en esto último tiene razón. La justicia ciega, pronta y expedita es una gran asignación pendiente desde siempre. La justicia en nuestro país está profundamente contaminada por factores políticos y económicos. Lo notable es que hoy cuestione algo de lo que siempre se benefició.
En fin, lo que vimos en la audiencia del Tribunal español no fue otra cosa que el pataleo de un “rey” que simplemente dejó de serlo. Vimos el pataleo de un empresario que no termina de entender que realmente siempre fue un títere de un sistema presidencialista que da, pero también quita.
Carlos Salinas lo convirtió en “el rey del acero” y Andrés Manuel en un convicto. Ni hablar, así fue y es México: un país que siempre baila al ritmo que imponen la filias y fobias del Presidente en turno.
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