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Coahuila

El penoso papel del PAN en Coahuila

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

Podemos entender y hasta suscribir la teoría del mal menor: obligados a elegir y tomar partido en una determinada coyuntura política, significa decantarse por la opción que sin ser virtuosa en sí misma ni modélica (no en apariencia, por lo menos, aunque posteriormente pueda dar la sorpresa) representa un daño minúsculo a comparación de otra mucho más tóxica y corrosiva. Peligrosa.

La decisión implica desprenderse de obsesiones personales –aún cuando se funden estas en una pretensión legítima– para no generar confrontaciones ni división en aras de conquistar un fin superior.

Más fácil: si para evitar la destrucción del estado donde nacimos y vivimos, es necesario desempeñar un rol inédito, en este caso sumarse a un antiguo adversario, las circunstancias nos convocan a hacerlo. A poner por encima del interés particular el general.

Y no exagero cuando hablo de “destrucción”. Por eso es necesario el entendimiento de la cuestionable, sí, teoría del mal menor.

Aun así no deja de ser criticable la postura del PAN en Coahuila durante el actual proceso electoral que conducirá a votar por un nuevo Gobernador y diputados locales el próximo 4 de junio.

El colectivo que durante una década (2011-2021) lucró con el discurso sobado de la megadeuda o los Moreira, sin acciones efectivas más allá de la propaganda estrictamente durante procesos electorales, obteniendo con ello posiciones donde fluye presupuesto para una élite de sus miembros –casi siempre los mismos– hoy desempeña por primera vez en su historia estatal un papel de comparsa pública, abrazando literalmente a la “nomenclatura” del PRI en Coahuila; la misma que años atrás aparentemente aborrecía y combatía.

¿Cómo llegamos a eso? Alguien podría decir que las alianzas electorales trascienden de lo nacional a lo local, y que por tanto desde acá nada se puede hacer para evitarlas, ya que somos una casilla más de un amplio tablero.

O que ya no hay purismos ideológicos ni posiciones irreconciliables que valgan. O que cambió el juego desde 2018 y para enfrentar con conocimiento de causa el autoritarismo y la incompetencia de Morena –demostrado en los hechos y con cientos de ejemplos verificables a lo largo de cuatro años de mandato– es indispensable hacer fuerza común y sumar voluntades. Así suponga mezclar agua y aceite.

En los últimos años, el PAN se acostumbró a moverse dentro de una zona de confort en la entidad: lanzar críticas oportunistas al aire pero ser inofensivo en realidad. Dardos sin punta. Cuchillos sin filo.

Pese a no desempeñar un trabajo político efectivo, la idiosincrasia del coahuilense y las condiciones socioeconómicas del estado le permitían ocupar un sólido segundo lugar de preferencia en Coahuila, y articular ciudadanos en torno a un objetivo más o menos común: ser eso que llaman oposición. Todo esto hasta la irrupción de Morena en el escenario electoral.

Hoy, en cambio, el partido blanquiazul está extraviado. Desfondado. En su haber le queda solamente la militancia efectiva en zonas urbanas de Torreón, Monclova y Saltillo; no hay en este momento un solo votante cautivo y volátil en su preferencia que opte por ellos como opción.

Se quedaron solos luego de su momento estelar en la entidad, el 2017, al demostrar entonces de manera fehaciente a la opinión pública que se sienten más cómodos al lado del poder, que con el poder mismo.

 

Cortita y al pie

Por lo demás, el PAN es un instituto político estéril que no gana ni ganando. Le sucedió en las pasadas elecciones para la Gubernatura del Estado, y ocurrió durante la conformación de la Legislatura 61, de 2018 a 2020, donde no pudo imponer agenda legislativa ni gestar cambios pese a que ocupó la presidencia de la Junta de Gobierno y obtuvo mayoría de curules como coalición junto a la UDC.

Desde el poder les tienen tomada la medida como grupo y eso es penoso.

 

La última y nos vamos

Ahora bien, los tópicos desgastados de la megadeuda y los Moreira, vaciados de contenido ya por el PAN luego de 10 años usándolos, serán rescatados del basurero de la historia por otros oportunistas con más hambre y menos creatividad. Iniciaron las precampañas y vienen estos por los despojos. En ese lugar se ubican y se sienten cómodos.

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