Dicen que hacerlo parado fortalece la columna, hacerlo boca abajo estimula la circulación de la sangre, boca arriba es muy placentero, hacerlo en el baño es muy digestivo, en el carro puede ser peligroso, hacerlo con frecuencia estimula la imaginación, hacerlo entre dos enriquece el conocimiento, se puede hacer en la cama o en la hamaca. En fin, sobre la mesa, el escritorio o donde sea; se haga como se haga, leer un libro siempre será un placer.
Pero a los mexicanos no nos gusta leer. Aunque las estadísticas digan que en promedio leemos dos libros al año, eso dista mucho de ser verdad; son muchos menos. Simplemente no tenemos el gusto por la lectura a pesar de que la feria del libro más importante de los países hispanoparlantes se realiza anualmente en Guadalajara. Según el índice de lectura de la UNESCO, de una lista de 108 países, ocupamos el lugar 106.
Países que vemos como exóticos y atrasados resulta que leen más que nosotros. Tal es el ejemplo de India, Tailandia, Filipinas y Egipto, entre otros. En Latinoamérica, Uruguay, Brasil, Colombia, e incluso Venezuela, tienen muchos más lectores que nosotros, porque simple y sencillamente no nos gusta leer. No queremos ni nos interesan los libros, a no ser que sirvan eventualmente como artículos decorativos en oficinas de funcionarios o magnates.
Una de las causas de la aversión que tenemos a la lectura es que antes de aprender a hablar aprendemos a ver televisión y a jugar con dispositivos electrónicos. Estos aparatos son vistos como la nodriza de los hijos, que los tranquiliza y los entretiene, aunque se llenen la mente de información inservible, es la nana que va modelando los gustos y visión del entorno. Ya se acabaron los padres de familia que leían cuentos a sus hijos por las noches, es más, ya ni se los cuentan, los despachan o acuestan viendo la sacrosanta TV o jugando con el celular.
Si hemos crecido en un medio donde nadie lee libros, simplemente no nos llamará la atención la lectura. Así mismo, si los maestros de escuela no tienen el gusto –y mucho menos el hábito- por la lectura, los alumnos pasarán de noche en desarrollar dicha práctica. Por eso, los libros de texto, aunque cuestionados y con varias imprecisiones, son vistos con tedio y como candidatos a la basura una vez concluido el ciclo escolar.
Si se pudiera hacer una investigación sobre los hábitos y preferencias en la lectura de los profesores, nos sorprenderíamos de las respuestas. Hace ya algunos años, en este mismo diario, con motivo del Día del Libro aparecieron una serie de entrevistas y al preguntarle a la entonces directora de la Casa de las Artes de Monclova acerca de qué libro estaba leyendo, respondió que uno de Gaby Vargas, ante la insistencia de la reportera por el título del libro, respondió: el último.
Se nos ha olvidado que leer significa un salto cualitativo en las potencialidades de la persona. No nacemos para leer sino que tenemos que adaptar el organismo para hacerlo, conquistamos así un peldaño trascendental en nuestra evolución. Mientras nuestros ojos recorren unos signos impresos sobre el papel, la mente, como en un segundo piso, va creando y recreando el pensamiento: Descifra símbolos, analiza y sintetiza, abstrae, relaciona y decodifica, bajo el mando de una coordinación silenciosa, reconstruye así el lenguaje que otro escribió.
La situación que actualmente se padece a nivel nacional y local se debe en gran medida a nuestra ignorancia, a la incapacidad de entender y descifrar el por qué de los sucesos, y sobre todo a que nos sigan viendo la cara sin darnos cuenta, haciéndonos creer cualquier cantidad de mentiras. Una sociedad que no lee es ignorante y fácilmente manejable, tiene una venda en los ojos que no le deja ver su entorno. Leer es quitarse esa venda. Pero como a los poderosos –política y económicamente hablando- les preocupa que en cualquier momento nos lleguemos a dar cuenta de sus teje manejes, nos han convencido que con los ojos vendados estamos mejor y que debemos disfrutar esa ceguera.
Pretextos para no leer libros hay un sinnúmero, desde no tener tiempo hasta su alto precio. La TV y el facebook nos roban el tiempo que bien se puede destinar a la lectura; por lo que respecta a lo caro de los libros, hay ediciones muy económicas, desde diez pesos, principalmente de los clásicos. Además, las versiones digitales son mucho más económicas y hay una gran cantidad de títulos disponibles que se pueden descargar sin costo alguno, en diferentes formatos.
Hoy se conmemora el Día del Libro y obviamente a las autoridades e instituciones culturales se les olvidó porque simple y sencillamente no les gusta leer y mucho menos promover la lectura. Desconocen que leer es quitarse la venda de los ojos. Es desalentador recordar que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Más sobre esta sección Más en Uncategorized