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El placer de ser caníbal

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Si algo nos gusta hacer y disfrutar a plenitud es comer prójimo. Con o sin razón somos expertos en sacarle la garra a quien no nos cae bien o porque simplemente no lo entendemos. Basta echarle un ojo al drenaje de las redes sociales para apreciar en toda plenitud esta costumbre tan arraigada y tan característica de México y de manera especial en Monclova. Es un gusto tan arraigado que difícilmente desaparecerá.

No en balde los programas de TV de mayor rating son lo del estilo de Ventaneando en los que se destroza y devora a quien sea una y otra vez. Pero el canibalismo más sanguinario es el de los políticos, desde las dichosas Mañaneras hasta los comentarios politiqueros del Facebook.

El más claro ejemplo lo tenemos en el mal llamado partido de izquierda Morena. Canibalismo cruel y salvaje que se ha acrecentado desde que llegaron al poder, donde siempre están unos contra otros, exhibiéndose y sacando sus trapitos al sol, con verdades a medias, calumnias y descalificando a quien se les ponga enfrente. En Monclova los históricos, los oficialistas, los “hombres-rábano” (rojos por fuera pero blancos por dentro), los arribistas, los porros, los oportunistas y en menor proporción los honestos se comen unos a otros de manera despiadada. Aquí se confirma que el peor enemigo de un morenista es otro morenista.

Aunque con mayor discreción -pero con similar crueldad- el canibalismo también lo practican los demás partidos. Lo acabamos de ver en el PRI donde su dirigencia fracturada es un platillo antojable para los caníbales del mismo partido y por estos rumbos, en las pugnas internas del moreirato, el canibalismo está a todo lo que da. También en el PAN, sin rumbo claro, ya empezó el canibalismo contra los posibles candidatos a la gubernatura de Coahuila si es que no van en la mentada coalición. El peor ataque y traición suelen venir de un mismo correligionario.

Fuera de la política también con igual saña se practica el canibalismo en todo momento y lugar, y peor aún, con el adictivo acceso a las redes sociales abundan quienes se han erigido en acusador, juez, verdugo y en eventual víctima. El canibalismo está en el barrio, en la escuela, en el trabajo, en la calle y hasta en las iglesias. A quien le va bien le endilgan que anda en negocios turbos, si adelgaza es que está enfermo o consume drogas y si dejan de verlo es que está preso o prófugo. El caníbal suele ser todólogo, que se siente portador de la verdad y que ahora usa las redes sociales para condenar y sentenciar lo que no le cuadra sin importarle en lo más mínimo si miente, calumnia o agrede impunemente.Decía Carlos Monsiváis que en este país todo se vale menos triunfar. Cuando alguien sobresale en lo que sea, de inmediato se desata la andanada de envidias y descalificaciones de todo tipo, desde insultos, descalificaciones y calumnias hasta el linchamiento social, en el más puro canibalismo.

En contraparte al canibalismo está la crítica constructiva que rara vez se ejerce y menos aún la autocrítica porque siempre resultará más fácil destazar al otro, al que no piensa como uno, a quien tiene otras preferencias, o al que no se entiende.

Es este canibalismo una especie de autoexterminio, de lucha fratricida, de negarnos a nosotros mismos la posibilidad de un cambio efectivo. Es el que nos impide ser solidarios y empáticos, que evita que nos organicemos como sociedad civil para iniciar un verdadero cambio. Por el contrario, con gran acierto hemos sido descritos en el cuento de los cangrejos, que en vez de ayudarse entre sí para salir adelante, se estorban y luchan para evitar que alguno logre salir. Y mientras tanto seguimos disfrutando que al otro le vaya mal, que naufrague, que se hunda y se ahogue, sin importar que vayamos en el mismo barco.

Por eso, cuando el canibalismo lo practica la clase gobernante el daño que ocasionan es letal. Urge que cuanto antes le bajen a su dogma de “comeos los unos a los otros”.

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