Uno de los cursos que estoy dando en la actualidad y a los cuales les invito a todas las mujeres, es el de empoderamiento del placer sexual y la comprensión de nuestro derecho al mismo. Tenemos derecho a sentir, a producir nuestros orgasmos bajo nuestra propia responsabilidad y, ante todo, a visibilizar nuestra necesidad de que nuestro cuerpo también está hecho para el placer.
No en balde nuestra fisionomía femenina tiene un clítoris, que es el único órgano del cuerpo humano con 8 mil terminaciones nerviosas y que su única razón de ser es la de sentir: placer o dolor incluso, ya que al ser un sitio tan hipersensible, su manipulación debe ser cuidadosa. Con que se lo encuentren a la señora, ya es ganancia…
Uno de los temas centrales en el estudio de la sexualidad humana es el erotismo, que no solo abarca la noción sexual, sino también la percepción de nuestro cuerpo, cómo nos sentimos con él, cómo nos gusta disfrutarlo y la forma en que lo compartimos placenteramente.
No todo el placer es erótico y tampoco la noción de erótico es placentero siempre, porque engloba muchos conceptos: el cuerpo es erótico cuando se muestra, por ejemplo, pero asimismo el pudor es erótico también, porque en el acto de no enseñar existe un misterio y esto puede convertirse asimismo en un estímulo sexual efectivo. Incluso es un clásico del erotismo y la picardía, la idea de estar con alguien que es célibe o púdico o inocente o ajeno a nuestra maldad cachonda.
El erotismo, el placer sexual y el placer, así sin adjetivos, son inherentes a nuestra persona y cada quien los elabora de distinta manera. Es un acto de creación. Cuando pienso en placer sin ser precisamente sexual, me viene a la mente la comida, un buen tabaco, escuchar la música que disfruto. También es placentero gozar de las pasiones de nuestra vida, como lo puede ser en mi caso, el trabajo, pasear con nuestra familia, con nuestros hij@s o nuestras mascotas y estar en paz, que hoy en día es un valor escaso y precioso.
El placer es la forma en que sintetizamos el gozo en momentos que no son propiamente sexuales, pero que también aportan una emisión de hormonas y de neurotransmisores que nos hacen felices o estar plácidos. Con abrazar a alguien que queremos o que no hemos visto en mucho tiempo, se produce una carga emotiva.
El placer sexual, sin embargo, es diferente porque implica más de trabajo. La gente cree que quienes se ven más sexuales, o que dicen que aman fornicar sin concierto, o que se consideran a sí mism@s muy “ganosos”, son quienes obtienen mayor placer sexual, más orgasmos o más goce. Pero eso también puede ser solo un acto y una pantalla. En mi experiencia sexológica, al menos, las personas que me llegan presumiendo que son muy sexuales y calientes, en realidad ocultan alguna carencia o mienten sobre sus pulsiones.
Porque el placer sexual no es un constructo que se base en las palabras, sino toda una edificación alrededor de muchos factores que empiezan con un estímulo sexual efectivo básico: querer hacerlo y concentrarse en la otra persona y en lo que podemos hacer bien para que disfrute. Ello nos hace responsable de nuestros orgasmos, de darle placer a otr@ y a nosotras mismas, de disfrutar primero nuestro cuerpo y empoderarlo en el goce, ser conscientes de que nuestro placer sexual se debe realizar en consentimiento y consenso y evitar actos, posiciones y situaciones que no nos gusten.
Sentir rico es mi derecho: [email protected]
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