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Coahuila

El poder de las redes sociales y la cultura de la cancelación

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 3 años

Desde que salió a la luz el escándalo en Hollywood, derivado del movimiento “ME TOO”, se originó en escalada un repudio generalizado hacia los principales señalados por el movimiento, de manera que, su popularidad calló en forma dramática y como comúnmente decimos los metimos a la congeladora, es en este momento que fue evidente para mí la existencia de esta tendencia a manifestarse masivamente contra algo en las redes sociales.

Este fenómeno de repudio o congelamiento de un influencer o alguien popular, ha tomado un nombre, se le denomina “CANCELACIÓN”, es un término que se acuñó recientemente, sin embargo, cada día toma más fuerza y no discrimina, cancela a propios y extraños, tal es el caso de la afamada escritora J.K. Rowling.

En junio de este año, la autora de la saga de Harry Potter, hizo unas declaraciones consideradas como transfóbicas, al postear en Twitter, comentarios que en forma implícita cuestionaban palabras más, palabras menos, el derecho de las mujeres trans a ser consideradas como mujeres; que desafortunadamente le acarreó una marejada de comentarios negativos que desataron la cultura de la cancelación en su contra.

Cancelar se define según la Real Academia de la Lengua Española, como: Anular, borrar de la memoria, derogar algo, o despedir a un empleado; lo que corrobora la intención exacta de esta cultura, no obstante ello, citaré la definición que provee Wikipedia, ya que al ser una fuente electrónica derivada precisamente del desarrollo de la internet, refiere con mucha precisión este concepto señalando que: Se trata de un cierto fenómeno extendido de retirar el apoyo, ya sea moral, como financiero, digital e incluso social, a aquellas personas u organizaciones que se consideran inadmisibles, como consecuencia de determinados comentarios o acciones, o bien porque esas personas o instituciones transgreden ciertas expectativas que sobre ellas había. 

Es un llamado a boicotear a alguien que usualmente es una celebridad, que ha compartido una opinión cuestionable o impopular en las redes sociales; también se resalta que dicho término empezó a utilizarse en el 2015 y que ganó popularidad a partir de 2018.

Ejemplos como el de Rowling hay muchos, como el caso olvidado en los anales de la historia de aquel cantante de origen italiano que consideró correcto llamar bigotonas a las mujeres mexicanas, trayéndole con eso un catastrófico futuro a su carrera, tan es así, que sus canciones ya no fueron promocionadas en México.

Pero esta escalada de violencia digital, deriva del pensamiento colectivo de obtener una justicia instantánea respecto de algo a lo que, se considera quedará impune, por ello la colectividad toma la justicia en sus manos y cancela lo que considera dañino o no apegado al pensamiento generalmente aprobado por la mayoría. 

Sin embargo, esta falsa apariencia de justicia tiene peligro latente, que asecha con rebasar los beneficios que se obtienen con esta forma de alzar la voz y que se encamina hacia el pensamiento único, una forma alarmante de evolución de la cultura cancelatoria; esto es, la rectoría del pensamiento individual por las masas, la colectividad diciendo que está bien pensar y que no, por lo que, al que se sale de los límites establecidos, lo cancelamos.

Alarmante, puesto que apenas empezamos a crear estrategias serias contra el bullying y a ver un cambio significativo en la sociedad y sobre todo en la juventud, para que ahora nos topemos con esta forma retorcida de bullying a gran escala.

La réplica de J.K. Rowling, no se dejó esperar y acometió  firmando junto con otros intelectuales, La Carta contra el Peligro del Pensamiento Único, en la que se fundamenta los estragos vividos después de un modelo económico en el que imperaba el patriarcado y la opresión hacia los grupos minoritarios; no hemos avanzado tanto, para venir a retroceder ante una cultura de la cancelación que fomenta la intolerancia.

Es un hecho irrefutable que no existe una sociedad en la que todo el mundo esté de acuerdo, por lo tanto estas prácticas radicales de cancelación al pensamiento libre y espontáneo, son reprochables y peligrosas, el cambio de paradigmas se da mediante el debate y la argumentación de ideas, no mediante la represión.

Enterada de la polémica, revisé las palabras textuales que la autora inglesa posteo, me pareció que, inicialmente su comentario no era para ofender, aunque analizado a conciencia si segrega al grupo trans, sin necesidad; el hecho de que tengas una idea no implica que debas segregar a una persona, mucho menos si eres seguido como ejemplo por todo el mundo, hay que tratar de siempre ser propositivos.

Las mujeres trans, son tan mujeres como cualquier fémina, sienten, se duelen y ven el mundo desde una perspectiva femenina en todos los sentidos, la opinión pública y las leyes deben reconocer esta verdad, una persona trans, tiene alma y es sensible igual que cualquiera, no son ejemplares con defecto de fábrica, solo son personas buscando su lugar en la sociedad y merecen inclusión y respeto.

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