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Coahuila

¡El Presidente está desnudo!

Por Ricardo Torres

Hace 6 años

Érase una vez un rey muy vanidoso al que le gustaba vestir muy elegante. Gastaba sus recursos solo en comprar trajes nuevos. Vivía cambiándose de ropa a cada rato y sin parar. Un día, sabedores de su afición, llegaron dos ladrones decididos a embaucarle, por lo que se hicieron pasar por sastres y vendedores de finísimas telas. Le aseguraron al rey ser los mejores, y tener los trajes más hermosos jamás vistos en ningún lugar.

El rey, muy entusiasmado, pidió le enseñasen las telas que decían portar, las cuales supuestamente eran mostradas por los defraudadores. El rey, por más que intentaba, no conseguía ver lo que aquellos hombres decían mostrar.

-¿Qué está pasando?

–preguntó para sí el rey-. ¿Por qué no consigo ver nada?

-Lo que pasa, es que esta tela es tan fabulosa, que solo las personas sabias pueden conseguir verla -exclamó uno de los dos bandidos.

Pero como el rey era tan vanidoso, y no quería pasar por ignorante ante sus súbditos, dijo a los falsos sastres: ¡Qué tela tan maravillosa y fina! ¡Hacedme un traje con ella!

A la mañana siguiente, el rey se levantó de la cama ansioso por ver su traje.

-Precioso traje ha quedado, ¿verdad mi rey? -dijo con descaro uno de los falsos sastres. ¡Pruébeselo!

El rey, vanidoso y dispuesto a mostrar a todos que también era sabio, ordenó rápidamente a su mayordomo que cogiese el traje y se lo probase.

-¡Torpe! ¿No ves que lo estás pisando? -exclamó enfadado el rey dirigiéndose al pobre mayordomo, que se encontraba atónito.

Finalmente, el rey decidió caminar por su reino, para poder lucir su nuevo atuendo. El pueblo, que observaba mudo e impresionado, no se atrevía a decirle que se encontraba desnudo. Quizá por temor a las represalias, o de parecer poco sabio o ignorante. Salvo un niño, que ajeno aún a las reglas del decoro, dijo risueño: ¡El rey está desnudo!

El anterior cuento viene al caso, dado que desde febrero pasado, es decir, al inicio de la crisis sanitaria generada en México por el Covid-19, varios de mis amigos y conocidos que se decían fieles seguidores y fanáticos del presidente Andrés Manuel, y de sus decisiones gubernamentales, por iniciativa propia decidieron aislarse como medida eficaz para frenar el contagio del coronavirus. Acción que en aquel entonces contradijo lo ordenado por el Mandatario federal, al cual -según decían- seguirían ciegamente siempre. Ante dicha actitud, mis amigos evidenciaron que no todo lo que dice el Presidente es avalado por ellos, aunque en la perorata así lo afirmen.

De igual forma sucedió a principios del mismo febrero, cuando los diputados de Morena, en conjunto con otros, exhortaron a la Secretaría de Salud y al Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica a fortalecer los protocolos implantados en aeropuertos y puertos de México, así como a emitir de manera urgente la información clara y oportuna de los síntomas y las posibles formas de contagio, y mantener así alerta a la población. Esta acción igualmente era contraria al discurso de aquellos tiempos del Presidente.

En resumen, tal parece que lo anterior demuestra que a nuestro Presidente muchos le van, pero pocos lo creen o le acatan. Y es que, quizá por orgullo o por alguna otra causa, a los seguidores de AMLO se les ha dificultado reconocer que, en esta crisis, frente a todos, el Presidente ha estado todo el tiempo caminando desnudo.

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