Frase que retumba en la mente de chairos y que es novedad para muchos de nosotros.
Esos nosotros crecimos en un México en el que no había gran diferencia entre personas de la clase media. Las familias de los gobernantes se educaban en escuelas públicas (cuidando los modos); las escuelas privadas eran usadas por empleados de los ricos y uno que otro pudiente.
En mi pueblo, Saltillo, había el ritual de viajar a Laredo, Tx., principalmente, para surtir a la familia de ropa y una que otra cosa, y la diferencia entre tiendas no era grande. Los ricos tenían casas más grandes, pero, con algunas excepciones, no eran mansiones. Ya trabajando, conocí multimillonarios quienes, aunque tenían casas más grandes, vestían igual que un clasemediero. Pero lo impresionante era que trabajaban de sol a sol, todo el día, y exigían estar informados de cada detalle, cada contratación.
El día que el sector chairo esté dispuesto a trabajar 60 horas a la semana y que sienta responsabilidad de cada tornillo, cada hoja y cada minuto de lo que está en su dominio, veremos que hasta se elegirían mejores mexicanos para cambiar el rumbo de este seco cuerno de la abundancia.
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