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Coahuila

El privilegio de ser abuela

Por Susana Cepeda Islas

Hace 4 meses

Uno de los desafíos más importantes a los que me enfrenté en mi vida, en todos los sentidos, ha sido convertirme en abuela. Nunca imaginé representar ese personaje en el escenario cotidiano; asumirlo es un gran reto.

Hoy comprendo que el temor que sentí cuando supe que sería abuela no tenía razón de ser. Mi nieta me ha enseñado a mirar el mundo de forma diferente y a disfrutar plenamente los momentos que pasamos juntas. Sus risas, sus alegrías, sus temores, sus tristezas y sus decepciones llenan mi corazón. Ser abuela es una experiencia maravillosa, un privilegio que me brinda la oportunidad de vivir nuevas emociones. Es amar sin condiciones, acompañar sin imponer, consentir con ternura y orientar con paciencia. Pero, quizá, el regalo más valioso es convertirme en su confidente y su cómplice, construyendo con ella recuerdos que el tiempo jamás podrá borrar.

Etimológicamente la palabra abuelo viene del latín avolus, que significa antepasado o adulto mayor miembro de la familia. En las sagradas escrituras los abuelos son esenciales para el plan de salvación de Dios para toda la humanidad. En Proverbios 17:6 se lee: “La corona de los ancianos son los nietos, y la honra de los hijos, sus padres”. Por esta razón, los abuelos son importantes en el núcleo familiar, ya que transmiten anécdotas, historias y sus raíces culturales, es decir, las tradiciones. Son los pilares de la familia sobre los cuales se construye la identidad familiar.

Existen diferentes tipos de abuelos, los enojones, indiferentes y los consentidores. Sin embargo, a quienes deseo referirme son aquellos que representan dignamente el amor incondicional, ese cariño profundo que se brinda de manera libre, sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Es un amor en el que se valora a la persona tal y como es; una aceptación plena que deja de lado las expectativas y busca únicamente el bienestar de los demás. Tener la dicha de contar con abuelos fortalece, sin duda, a toda la familia.

Los nietos suelen transformar la palabra abuelo en apodos cariñosos como: Abue o Abu, Welito o Welita; Tito o Tita; Nono o Nona; Yayo o Yaya; Lito o Lita; Nana o Tata, entre otras formas afectuosas de nombrarlos. Es fantástico desempeñar el rol de abuelo, porque la educación corresponde directamente a los padres. Recuerdo que, Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, afirma con gran sabiduría que los nietos son un regalo que Dios nos da por aguantar a los hijos durante la adolescencia.

Los abuelos son una fuente inagotable de enseñanzas. De ellos aprendemos valores, costumbres y afectos. También nos dan lecciones de cómo valorar el tiempo, la amabilidad, las recetas familiares, la música y los refranes; pero, sobre todo, nos muestran cómo disfrutar el presente. Son expertos en traer de vuelta el tiempo pasado a través de historias maravillosas que despiertan en los nietos el interés y amor por la historia familiar.

En la actualidad los abuelos ya no responden al estereotipo tradicional. Gracias al aumento de la esperanza de vida muchos son más activos, conservan una imagen juvenil, trabajan, viajan, hacen ejercicio, participan en grupos culturales y utilizan las redes sociales. Además, el manejo de la tecnología les permite mantenerse comunicados a distancia y acceder a una mayor información y a disfrutar de nuevas formas de entretenimiento.

Con el paso de los años comprendí que los abuelos no sólo envejecen; también viven en el corazón de sus nietos. En ese lugar permanecen sus palabras, sus inquietudes, sus risas y sus abrazos. Tal vez por eso la vida nos concede el privilegio de ser abuelos: para descubrir que el amor, lejos de agotarse, se multiplica. Y cuando un nieto toma nuestra mano y nos llama con uno de esos nombres cariñosos que sólo él inventó, entendemos que la verdadera riqueza de la vida no se mide en lo que hemos logrado, sino en el amor que sembramos en sus corazones.

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