Hay quienes afirman que correo tiene su origen en la frase “los que corren” y se basan en los trayectos que recorrían, corriendo, los aborígenes mexicanos para llevar, mensajes, objetos y cosas entre un poblado y otro, en una especie de carrera de relevos.
La palabra etimológicamente se deriva del latín correre,-correr,-antiguo correo.
Sirva este breve introito para rendir homenaje a los trabajadores postales de mi tierra, a los administrativos y a los señores carteros que pese a los adelantos científicos y tecnológicos se niegan a morir y a no hacer caer la tradición y los románticos pasajes epistolares que han sido substituido por el “punto com”.
El querido papacito, mamá, amor, estimado señor, querido, hermano y otras palabras claves que contenían aquellas cartas venidas del interior del país y del extranjero, han quedado en el pasado, al menos ya no son plasmadas en el papel. Primero el teléfono fijo, luego el telegrama, después las empresas de paquetería lo fueron minando poco a poco, que aún pese a todo sigue sirviendo a la comunidad sobre todo a algunos bancos y empresas que siguen enviado papelería, paquetes y otros documentos a través del correo, pese a la gran avalancha que representan las llamadas redes sociales que ha superado a la imaginación por la velocidad y la exactitud con mensajes a cualquier parte del mundo.
Los carteros ya nos son portadores de mensajes de amor, de buena esperanza, de nostalgia y de tragedia o funestas noticias ahora reparten papelería oficial o documentos de bancos con los famosos estados de cuenta y documentación de empresas.
Desde antes de la época colonial ya existían algunas especies de servicios postales en México, por hombres fuertes que eran reconocidos por ser veloces llevando mensajes y cosas de un lugar a otro. Un rudimentario sistema utilizando aborígenes que recorría cierta distancia en una especie de carrera de relevos. A Cada lugar del relevo le llamaban posta y al “atleta” postal, por lo que se supone que de ahí surge en México el nombre de Servicio Postal.
Luego llegarían los españoles que establecieron varios métodos y transportes hasta llegar a lo que hoy conocemos como Servicio Postal Mexicano. Se construyó posteriormente un emblemático edificio en la Ciudad de México y cuyo jefe era denominado “El Correo Mayor”, el encargado de recibir la correspondencia. Al principio la tarea no fue fácil, pues en enormes cajones y a la vista del público se ponían las cartas para que la gente buscara cada quien la suya. Poco a poco fue mejorando la distribución, que al principio fue dificultosa por la falta de numeración de las casas y de nombres oficiales de las calles, recuerde que antes, un incidente, la vegetación o el apellido o nombre de algo servía para nombrar a las nuevas avenidas del México colonial.
¡Señores carteros, señores empleados postales, sigan dignificando esta histórica y digna labor!¡Felicidades!
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