El Laberinto del Fauno se estrenó hace 20 años y retrató, como pocas películas lo han hecho, la violencia del fascismo, la de los machos en el poder y la belleza del amor y la ternura hacia lo extraño. Ayer, El Laberinto se estrenó de nuevo en cines de Estados Unidos, con un nuevo tratamiento visual y una nueva mezcla de sonido. La siguiente semana se reestrenará en 300 salas de cine en México. El reestreno no implica solo un nuevo tratamiento, sino que, según su director, la película “se renovó a sí misma”.
Hace unos días, el ganador del Óscar y genio mexicano Guillermo del Toro le dio una larga entrevista a María Hinojosa, la conductora de Latino USA, el programa de radio que dirijo en Nueva York. Me parece una de las mejores entrevistas que he visto con Del Toro.
Admiro a este director desde que tengo memoria. Me ha recordado, con cada una de sus películas -desde la primera que vi, El Espinazo del Diablo, hasta Frankenstein- que siempre puedes encontrar la belleza si prestas suficiente atención, si miras lo extraño con los ojos bien abiertos y si cuestionas en serio tus prejuicios, enfrentándolos directamente.
En varias de las coberturas más difíciles de mi carrera como periodista, he pensado que hay que demorarse en la belleza, que hay que encontrarla exactamente donde está.
He pensado en sus películas al ver las puertas metálicas de colores brillantes que contrastaban con un paisaje gris y ruinoso en San Mateo del Mar, un pueblo en la costa de Oaxaca que visité después de un sismo devastador en 2017. He recordado su cine cuando he visto amapolas de un rojo hermosísimo en campos de cultivo en Sinaloa o cuando he visto niños jugando entre calles atestadas de basura en el barrio donde crecí en La Habana.
En esta entrevista con Hinojosa, Del Toro habla sobre temas que me duelen y me importan. Dice, por ejemplo, que hay personas que se sentían incómodas por la violencia en El Laberinto del Fauno, pero que él cree que había que incluirla porque, si no lo haces, “vas a tener un tipo que no es un fascista realmente malo, lo cual, me temo, no existe”. Cuenta, por ejemplo, que los monstruos y las criaturas de sus películas son una reacción contrafóbica, una forma de “controlar lo que más temes, amándolo”. Añade que la obediencia es muy peligrosa y que la desobediencia es una forma de rebeldía.
Y sobre su película, que ahora se reencontrará con su público y conocerá a uno nuevo, 20 años después, cree que “desearía que no fuera relevante”, pero que, desafortunadamente, “el mundo necesita una parábola o una fábula como esta”, porque “nuestra humanidad misma parece estar siendo invadida por los caprichos de multimillonarios apenas socializados que no entienden el comportamiento humano”.
En este nuevo mundo, dice Del Toro, volvemos a ver expresiones políticas que nos recuerdan al fascismo, porque “está en la naturaleza de cierto tipo de hombre odiar a cierto tipo de humanos como si fuera una fuerza vital”.
Quizá lo que más me impactó de la entrevista fue su crítica a la sociedad actual, tecnologizada y dependiente. Sobre los nuevos usos de la tecnología en el arte, en tiempos de la Inteligencia Artificial, el director advierte que lo que estamos enfrentando “no es sólo una tecnología que puede ayudar a un artista, sino algo que nos sustituya. Es muy diferente”.
Y luego, al responder sobre cómo encuentra inspiración en estos días, hace una descripción brutal. “Es muy difícil encontrar tu lugar en el mundo cuando dependes de los medios, hasta el punto de que prácticamente nadie está desconectado, a menos que esté durmiendo”, dice. “Están ahí, ante ese pequeño rectángulo, y de eso resulta muy difícil encontrar inspiración”. En cambio, él sigue encontrando su confort en la belleza y en el arte. “Un espejo no es una ventana. El arte es una ventana. La mayoría de las redes sociales y cosas así son espejos, y si te miras en un espejo lo suficiente, encontrarás a un extraño”.
Larga vida a ese extraño que nos ha regalado tantos mundos fantásticos que nos permiten vernos de frente y sin miedo, como el del Fauno, donde todo parece más humano y mucho más real.
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