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Grupo Zócalo
Publicado el martes, 23 de junio del 2026 a las 09:59
Ciudad de México.- El Mundial está regalando a los espectadores momentos no solo reservados para los más futboleros. Desde la moda hasta la geopolítica, y sin olvidar nuestra especialidad, la historia, uno de los acontecimientos más relevantes de este 2026 está siendo analizado desde infinitas perspectivas. Ahora, un nuevo gesto llevado a cabo sobre el césped nos ha transportado hasta el siglo 1.000 d.C., cuando unos guerreros y comerciantes escandinavos surcaban los mares con el fin de expandirse.
Sí, hablamos de los vikingos. Tras la clasificación de Noruega para la siguiente fase del Mundial, una imagen se repitió tanto en la grada como sobre el césped: jugadores y aficionados comenzaron a simular el gesto de remar, avanzando al unísono como si formaran parte de una misma embarcación.
La escena, rápidamente viral, trascendió lo deportivo y activó un imaginario mucho más antiguo.
La expansión vikinga entre los siglos VIII y XI fue posible gracias a una tecnología naval muy avanzada para su tiempo. Sus embarcaciones se construían con la técnica del casco trincado, a base de tablones de roble o fresno superpuesto, lo que les otorgaba ligereza, flexibilidad y resistencia al oleaje.
Este diseño permitía navegar tanto en mar abierto como en aguas someras, una ventaja decisiva frente a otras potencias medievales. No existía un único “barco vikingo”. Los skeid y snekke eran naves de guerra largas y rápidas, propulsadas por decenas de remos y fácilmente reconocibles por los mascarones con cabezas de dragón o serpiente en la proa.
Junto a ellas, los knarr y karve cumplían funciones mercantes: más anchos, con mayor capacidad de carga, fueron los verdaderos protagonistas de las grandes rutas comerciales y exploratorias.
Aunque las velas permitían aprovechar los vientos del Atlántico Norte, el remo seguía siendo esencial. Servía para maniobrar en rías, estuarios y ríos, para acercarse sigilosamente a la costa o para remontar corrientes. Cada remero debía mantener el ritmo exacto: una mala sincronización podía comprometer la estabilidad de la nave.
Los vikingos no navegaban a ciegas: conocían corrientes, mareas y patrones de viento, y se orientaban mediante referencias costeras, la posición del sol y, probablemente, instrumentos rudimentarios como la llamada “piedra solar”. Esta combinación de conocimiento empírico y práctica colectiva convirtió la navegación en un saber transmitido de generación en generación.
Políticos noruegos hacen a un lado diferencias en épico gesto de apoyo a su selección
Gracias a sus barcos, los escandinavos trazaron una red de rutas marítimas y fluviales que conectó territorios muy alejados. Desde Escandinavia navegaban hacia las Islas Británicas y las costas del Imperio Carolingio, remontaban ríos como el Sena, el Rin o el Támesis y alcanzaban el Mediterráneo. Al mismo tiempo, hacia el oeste, colonizaron Islandia, Groenlandia y llegaron hasta Terranova.
Estas rutas no eran solo de saqueo. Transportaban pieles, ámbar, madera, hierro y esclavos, y facilitaban el contacto con el mundo islámico y Bizancio. El barco vikingo fue, ante todo, una herramienta de conexión global. Como lo es hoy el fútbol, capaz de unir a miles de personas en un mismo gesto sincronizado y compartido.
Con información de National Geographic
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