“Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!” M. De Cervantes.
Antes de la conquista en Anáhuac se doméstico el maíz y sobre él se construyeron distintas culturas. Con ese cereal y sin levaduras se consumía tlaxcalli castellanizado como tortilla en distintas presentaciones y tamaños no sólo era alimento y cubiertos para la mesa formado parte de la identidad y de la cosmovisión vinculándolo a las festividades y a la ceremonias.
Con los conquistadores llegaron el trigo y la levadura que enriquecieron fiesta y ofrenda.
Cerca de 1524 con la técnica de panificación europea se establecieron los primeros molinos en Tacubaya y Tlatelolco .
Fue hasta el siglo XVIII cuando llegaron maestros panaderos de Francia e Italia, particularmente el bolillo es atribuido a Camille Pirotte.
Durante siglos cada zona del país ya independiente fue desarrollando sus propios panes.
Tan sólo en Coahuila, pan de acero, el pan de pulque de Ramos Arizpe, la puchas en Zaragoza, pan menonita de Sabinas, los marranitos de piloncillo y las semitas chorreadas de piloncillo en Saltillo, los mamones de Viesca, las campechanas de Parras, las tortillas de harina de Monclova y el pan francés de Torreón.
Por eso, las 2500 palabras que son límite para este artículo, no alcanzan a abarcar todas las variedades de pan dulce que hay en nuestro país.
El pan tiene una presencia diaria, acompaña todas las comidas, forma parte de nuestra identidad y está incorporado a ceremonias como el día de muertos donde se ofrece como ofrenda en los altares.
Dentro de pocos días será 6 de Reyes y con él, vendrá la tradición de reunir a la familia para partir la rosca y dentro de ella vendrá una representación del niño Jesús la fortuna hará que quien lo encuentre tenga que organizar el día de la Candelaria, 2 de febrero donde se darán tamales.
El pan blanco se ha industrializado por la necesidad de contar con un pan barato y bueno, el pan industrializado de México, está en 35 países.
En ocasiones,
no es posible ponerle nombre a los olores,
sombras para las letras.
El oído puede dar cuenta del batir
o el tacto del amasado
o el gusto donde se deshace.
Pero Pan,
es una palabra que nos robó
el aroma.
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