Uno de los efectos más nocivos para la economía mundial han sido las restricciones que impone la contingencia sanitaria por el Covid-19 al trabajo presencial. Lamentablemente los países con menores ingresos per cápita están siendo los más perjudicados, pues sus condiciones socioeconómicas no permiten la migración al teletrabajo o la reducen a determinados sectores económicos con personal calificado.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que tiene varias investigaciones sobre el trabajo desde casa, afirma que alrededor de 40% de la fuerza laboral en Estados Unidos y Europa puede hacerlo, pero aun así se presentan limitaciones. Si se analiza el teletrabajo por sectores, los que tienen una mayor probabilidad de llevarlo a cabo son los cuadros que laboran en agencias de seguros, finanzas, educación y aquellos que desempeñan algunos servicios profesionales, así como el personal que trabaja en ciertos proyectos de investigación que no requieren de laboratorios para contrastar hipótesis y realizar sus pruebas, sobre todo las áreas sociales y humanistas de la ciencia. Mientras tanto, en África y América Latina la cifra es menor que la estadunidense y la europea. Para el continente negro, roza el 15%, y para el subcontinente americano se acerca al 21% de la población ocupada.
Enseguida se esbozan dos factores que pueden obstaculizar el trabajo remoto en México. A principios de 1970 se acentuaba la migración del campo a la ciudad, se iniciaba el crecimiento paulatino, pero constante de trabajadores que fueron campesinos y ahora se incorporaban a las ciudades prestando sus servicios sin recibir ninguna prestación social, y también, por supuesto fuera del alcance del fisco Las crisis económicas de 1983 y 1995 aceleraron la propagación de las actividades informales, legales y no legales (narcotráfico, trata de personas, etc.).
El perfil del trabajador informal generalmente es de baja escolaridad y participa en tareas poco productivas por su escasa capacitación (comercio ambulante, albañilería, jardinería, etc.). Más de 45% de la población en edad de trabajar depende de la informalidad, y para realizar sus labores, por el tipo de actividad, es necesaria su presencia física e interacción social, por ello, es complicado que se incorporen al teletrabajo.
México es uno de los países a nivel mundial con mayor número de trabajadores informales. Ese gran sector de la población, desprotegido de asistencia social, es mucho más propenso a experimentar recortes en su ingreso o despidos. Si está empleado en el sector servicios o si se autoemplea es probable que su oferta de trabajo se reduzca por la semiparalización de las actividades productivas.
Economía formal. De acuerdo con la misma Cepal, se estima que en la economía mexicana del total de ocupados en el sector formal, aproximadamente 16% pueden realizar sus tareas desde casa.
Para el resto es obligatoria su asistencia a la actividad laboral, por supuesto si pretenden seguir ocupados, lo que representa un gran desafío para el Gobierno y la sociedad civil, especialmente por el riesgo al contagio del Covid-19 a que se exponen. Por esto, la Cepal recomienda a los gobiernos de la región que consideren, en la reapertura de la economía, como prioritarias las ocupaciones de salarios más bajos, las cuales demandan la presencia física del trabajador.
Más sobre esta sección Más en Nacional