La semana pasada a través de este espacio hice una semblanza a grandes rasgos de lo que es el Cart, el Centro de Alto Rendimiento Taurino, donde en la Ganadería Pablo Moreno se lleva a cabo un concurso taurino integral donde 60 novilleros de todo el mundo llegaron con las ilusiones de llegar a ser parte del cartel de los seis finalistas (el 10%) o inclusive ser el máximo triunfador.
Estuve en esta escuela-certamen durante una semana impartiendo conferencias y cursos teóricos, y prácticos también, ya que toreé varias vacas en la placita de tientas de la Ganadería. Consumada esta introducción, quiero ahora centrarme en el título de la presente columna, El Temor de los Valientes.
A través de cientos de años de la historia de la tauromaquia, ha sido común advertir el paso de una gran diversidad de hombres y mujeres cuyo afán y pasión es enfrentarse a los astados bravos denominados Ganado de Lidia. Al observar sus actuaciones, habitualmente gallardas y serenas, se podría pensar que quienes practican este tipo de actividad de lidiar reses bravas, no conocen el miedo, o por lo menos han dejado de sentirlo, nada mas alejado de la verdad y de la realidad.
El aparente secreto, o lo que da pie a esta confusión, es que la gran mayoría de los toreros aparentan no tener miedo, y para verificar el dicho que dice que, “La excepción confirma la regla” y con todo respeto hacia ellos, han pisado las plazas de toros muchos toreros, que demostraron con creces, las naturales reacciones que manifiestan el claro temor, de enfrentarse con un astado bravo, capaz de infligirle a quien se le oponga severos daños físicos, mentales y emocionales, o inclusive la muerte, ya que eso forma parte del saber popular que, “Los toros matan toreros”.
Hay que reconocer humilde y objetivamente, que a menos que se ejecute pronto algo drástico y trascendente, la fiesta brava está en una terrible espiral de caída libre hacia un precipicio sin retorno; cada vez son más los ataques que sufre por parte de antitaurinos y animalistas, cada vez menos es la gente que asiste como espectadores a las plazas, y como consecuencia directa, cada vez son menos los niños o jóvenes que aspiran a ser toreros.
Es por ello que el Cart es una sorpresa tan agradable; fueron cientos de aspirantes quienes mandaron sus solicitudes y se llevo a cabo una reñida selección para escoger a los 60 participantes que pudieron asistir al evento en la Ganadería Pablo Moreno, y he aquí la paradoja: esta ganadería establecida en Jalisco, durante los meses que dure el certamen, estará convertida en un centro neurálgico que contenga los sueños e ilusiones de 60 jóvenes de todo el mundo taurino; es el lugar donde ellos tendrán que demostrar sus ganas de triunfar, sus ansias por sobresalir, su desesperación por no ser expulsados, su innegable valor, pero a la vez, ahí estarán contenidos también sus más oscuros y ocultos
temores.
Paradójicamente donde se manifiesta el valor, también habita el temor, en las plazas de toros, en los campos de batalla, en los estadios deportivos, en los cuadriláteros, en las universidades, en cualquier lugar donde reine la incertidumbre en cuanto a lo que puede suceder; hay temor y hay valor, son compañeros y catalizadores inseparables, no pueden existir el uno sin el otro amalgamados, junto con pequeñas o grandes dosis de amenazas.
Analicemos lo que nos dicen los diccionarios en cuanto a las definiciones oficiales de estas dos emociones y actitudes inseparables, pero antagónicas a la vez.
La valentía se define como: Hazaña heroica; acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder a las fuerzas naturales. Determinación para enfrentarse a situaciones arriesgadas o difíciles.
Por su parte el temor es: Pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso. Recelo de un daño futuro. Miedo que se siente al considerar que algo perjudicial o negativo ocurra o haya ocurrido.
De estas definiciones se desprenden varias conjeturas y deducciones, el valiente busca, acude y confronta el peligro o la amenaza, el temeroso huye y rehúsa enfrentarlo, el valiente es determinado, el temeroso es receloso, y algo muy importante, el valiente vive, actúa y se manifiesta siempre en el presente, el temeroso, sufre y teme al pasado, al presente y también al futuro; el valiente solo muere una vez, el temeroso esta siempre muriendo, nunca es capaz de vivir en plenitud.
Ahora, ¿de qué nos sirve toda esta nutrida información sobre el temor y el valor? Me es útil para poder explicar, cómo es que, a mi juicio, el Cart está convertido en un gigantesco campo experimental sicológico, donde conviven en lucha constante y día con día, todo el día y toda la noche, las más exaltadas pasiones, ambiciones, nostalgias, temores, ilusiones, convicciones y recelos.
Y, además, a esto se suma que las fechas de eliminación, dan paso a las decepciones, desilusiones, amarguras y angustias, por no poder continuar en el certamen a los que han sido eliminados, pero además porque llevan encima de ellos, la pesada carga de comunicar a su familia y amigos, que esperaban su triunfo, que han sido literalmente expulsados del certamen.
La salida de los que se van influye invariablemente en los que se quedan, sufren por las cabezas cortadas de sus amigos y compañeros, y a la vez son conscientes, que la guillotina seleccionadora pende juzgando inmutable sobre sus propias actitudes y acciones. Quien más sabe de las circunstancias individuales de los 60 espartanos del Cart, es mi gran amigo y paisano, el matador Antonio Santos, quien funge como prefecto en el evento y a quien le he sugerido que escribamos juntos una reseña amplia de lo que pasa dentro y fuera del ruedo.
Mientras tanto, las emociones continúan, este fin de semana los novilleros han estado toreando ya astados hechos y derechos, que han sido los responsables de dirimir las dudas, en cuanto a quién se queda y quién se va en esta semana. Mis felicitaciones y enhorabuena para todos quienes se han atrevido a participar y luchar, y eso en sí mismo ya conlleva un gran triunfo
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