Coahuila
Hace 2 años
Óscar Flores Tapia era un hombre de recia personalidad, que se imponía a hombres y mujeres con su carácter y su estentórea voz. Que se enfrentó a la adversidad y la venció, sin padre desde niño, y a cargo de su madre ciega y la abuela por su puesto, que fueron su sostén moral y económico durante los primeros años de su vida.
Su niñez y juventud transcurrieron en una barriada humilde, muy pegadita a los Panteones; precisamente en uno de esos cementerios, el de Santiago, el niño Óscar se ganaba algunos centavos limpiando y acarreando agua para el aseo de las tumbas. Hizo de todo cuanto pudo, incluso fue agente de tránsito motorizado de la ciudad.
Muy joven incursionó en la política y abrevó de los grandes en estos menesteres de su tiempo, como don Federico Berrueto Ramón, que prácticamente fue su mecenas, su mentor, pues le enseñó el abce de la ciencia y el arte de gobernar y de dirigir las masas. Flores Tapia se pintaba solo para ese cargo y lo supo demostrar cuando tenía la oportunidad de dirigir la palabra en algunos mitines para promover el voto a favor de algún candidato. Llegó a ser presidente del PRI y estando en el cargo la Iniciativa Privada de Saltillo le negó la oportunidad de ser Presidente Municipal de la ciudad.
Creo que Óscar Flores Tapia hubiera sido un buen Alcalde, con sus ideas progresistas y dominantes, como cuando fue Gobernador de Coahuila, gracias a su compadre Luis Echeverría Álvarez, en momentos en que prácticamente le cambió la cara a la ciudad y al estado. Las obras ahí están para la posteridad y nadie negara que lo hizo muy bien. Le dio el pie a la modernidad de Saltillo, sin endeudar al Estado y no sólo eso, fue el factor para el despegue de la industrialización con características internacionales para la región Sureste, en momentos en que escaseaba el empleo.
A pesar de que ayudó a sus futuros enemigos fue objeto de una campaña, originada aquí, que hizo mucho ruido periodístico en la ciudad de México, lo que llamó la atención del celebérrime presidente José López Portillo.
Un grupo muy fuerte pretendía cobrar venganza, ridiculizar y descalificar a don Óscar, pero a pesar del escarnio o el enfrentamiento oculto y cobarde no logró su propósito. Flores Tapia libró una dura batalla y burla a sus oponentes, poniendo en ridículo hasta al propio presidente López Portillo y a los medios de comunicación nacionales que enviaron a una jauría de reporteros que fracasados regresaron a la ciudad de México, pues ni las mismas autoridades de la entonces Procuraduría General de la República, encontraron motivo de sanción penal por el supuesto delito de enriquecimiento inexplicable.
Tenía razón Óscar Flores Tapia con sus famosas frases: ¡El tiempo me dará la razón!, ¡la historia me juzgará!
Una ultra defensa del académico y abogado penalista Antonio Berchelman Arizpe y su entereza hicieron salir airoso a Flores Tapia de este embrollo, no obstante que tuvo que abandonar por voluntad propia el cargo 100 días antes del término constitucional para enfrentarse a la justicia federal.
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