Vida
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 23 de marzo del 2026 a las 20:56
Ciudad de México.- India no esperó. Bastaron unas horas tras el fin de la patente para que la semaglutida, el compuesto detrás de Ozempic y Wegovy, dejara de ser un privilegio y comenzara a convertirse en una opción real para millones.
El viernes 20 de marzo de 2026 terminó la exclusividad de la farmacéutica danesa Novo Nordisk. Para el sábado, el mercado ya había cambiado. Empresas locales irrumpieron con versiones propias, más baratas y listas para competir en un país donde la diabetes tipo 2 y la obesidad son problemas de escala nacional.
Entre las primeras en moverse estuvo Dr. Reddy’s, que lanzó Obeda, una inyección semanal dirigida a pacientes con diabetes. Glenmark presentó GLIPIQ, mientras que Sun Pharma apostó por dos frentes: Noveltreat, enfocado en control de peso, y Sematrinity, para diabetes. A ellas se sumaron Zydus, Alkem y Natco, ampliando una oferta que creció en cuestión de horas.
El impacto se mide mejor en cifras. Las versiones originales rondaban entre 8,800 y 10,850 rupias al mes —hasta 173 dólares—. Los nuevos genéricos bajan el costo a un rango de entre 325 y 4,200 rupias. En algunos casos, el tratamiento semanal puede costar menos de cinco dólares.
No es solo una rebaja: es un cambio de fondo. En el segundo país con más personas con diabetes en el mundo, el acceso a este tipo de medicamentos había sido limitado por el precio. Hoy, la competencia abrió la puerta a una cobertura mucho más amplia.
El contraste con México es inevitable. Aquí, una pluma de Ozempic puede costar entre 2,399 y 3,141 pesos mensuales, aún lejos de los precios que ya se ven en India. La razón es clara: las patentes siguen vigentes y la entrada de genéricos depende tanto de su vencimiento como de la aprobación sanitaria.
Pero el movimiento ya empezó a extenderse. Hacia finales de 2026, mercados como Brasil, China, Sudáfrica, Turquía y Canadá también verán caer la protección de la semaglutida. El efecto podría ser global.
Por ahora, lo ocurrido en India deja una señal difícil de ignorar: cuando el precio cae, el acceso deja de ser un obstáculo. Y en temas de salud, esa diferencia puede cambiar millones de vidas.
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