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Coahuila

El último tercio del siglo pasado

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

…Y el testimonio de un fotógrafo

En los años 70, Saltillo todavía era una ciudad casi casi ideal: poco menos de 100 mil habitantes, temperatura media anual de 17.5 grados centígrados, precipitación media anual de 300 a 400 milímetros, con régimen de lluvias en abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre y octubre, escasas en el resto del año.

¡Claro, Saltillo existió!, y desde entonces ha llovido, o más bien, ha dejado de llover. A finales de la década de los 70 se parecía más a aquella ciudad provinciana. Era muy tranquila. Un clima excelente y su gente muy reservada.

En ese retroceso de la película del tiempo, Adolfo González Contreras, excelente artista de la lente, recuerda al Saltillo de ese decenio que lo acogió para siempre. González Contreras llegó junto con un grupo de muy buenos comunicadores de Chihuahua, su tierra natal, para reforzar al personal del periódico El Sol del Norte de la otrora famosa cadena García Valseca.

El Hotel de Ávila, frente a la Plaza Acuña, sería su hogar temporal. Llegó el 9 de mayo de 1970 directamente de la antigua estación de los Monterrey Saltillo, que se ubicaba en Padre Flores y Abbott, pues había viajado casi 22 horas de Juárez para acá.

En  la Plaza Acuña  en ese momento se instaló un tianguis con motivo de la celebración de los días de las madres. Adolfo, con esa visión que Dios le dio, localizó pronto la fotografía para su periódico.

Una anciana de aproximadamente 90 años compraba un regalo para su mamá de 110. La foto y el detalle le gustó bastante al señor director del diario Alejandro Páez Irigoyen, y apareció precisamente el 10 de mayo en la primera plana del Sol del Norte, en un tamaño no muy usual (5×7 pulgadas). El matutino ya se ubicaba en las calles Cuauhtémoc y Colón.

Era presidente municipal Arturo Berrueto González, y en aras de su trabajo, Adolfo “El Comandante” González tuvo la opción de conocer al gobernador Eulalio Gutiérrez, a ambos personajes los acompañó por diferentes lugares de la ciudad y el estado.

Encontró el fotógrafo chihuahuense un Saltillo urbanísticamente bien estructurado. Conservaba sus huertas y el mote de la ciudad del clima ideal. “Era tranquila, segura, donde podrías circular libremente de día y de noche. Los problemas se vinieron a partir del crecimiento tan desordenado que se registró posteriormente y que ahora estamos padeciendo”.

Adolfo a querer y no se hizo saltillense por adopción, y supo valorar lo bueno y lo malo. Se quedó con el primer Saltillo, que cuando él llegó, aún no despertaba de su letargo de 400 años atrás. Tuvo la oportunidad de conocer el gran desarrollo educativo que registraba la Atenas de México, que era sede anualmente de estudiantes norteamericanos (hombres y mujeres), que llegaban confiados en su clima, en su gente y en la seguridad que representaba la ciudad para el estudio del español.

Sin embargo, Adolfo González Contreras, ganador de premios nacionales de fotografía, como la secuencia del hombre que se suicidó tirándose de la torre de Catedral, entre muchas otras, no quiso morir aquí, decidió hacerlo en su natal Ciudad Juárez, Chihuahua.

 

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