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Coahuila

El valor de la amistad

Por Cholyn Garza

Hace 2 años

“Anda despacio cuando escojas a tus amigos;

Pero cuando los tengas mantente firme y constante”

Sócrates

En el transcurso de nuestra existencia vamos conociendo personas con quienes nos relacionamos.  Nuestros primeros años de vida van acompañados por nuestros compañeros de juegos, hermanos, primos, vecinitos.  Llegado el momento de ingresar a preescolar, nos encontramos con nuevos rostros con quienes compartiremos experiencias. 

Cómo no recordar nuestro primer día en nuestro kínder.  Algunos niños aferrándose a mamá y llorando porque se iban a quedar “solos”.  Escena que ha continuado repitiéndose a través del tiempo y por generaciones; es el temor, sentimiento natural y justificado ante lo desconocido. 

Pronto, ese sentimiento -el del temor- desaparece al irnos relacionando con los que vendrían a ser nuestros compañeros, nuestros primeros amigos en una etapa muy importante de nuestra existencia.

Al haber sido creados como seres sociables, nuestras relaciones se van incrementando al transcurrir el tiempo y por diversas razones, que bien puede ser por estudios o trabajo. Relacionarse puede parecer fácil y quizás lo sea, pero hacer, ganar y conservar una amistad no lo es tanto.

Y no lo es porque las relaciones humanas siempre han sido complicadas.  ¿Por qué?  Quizás porque nadie es perfecto y al no serlo todos pensamos y actuamos de manera distinta.  Sin embargo, el respeto y la tolerancia juegan un papel importantísimo en cualquier relación, porque tener amigos es algo realmente hermoso; en lo personal considero que es una gran bendición. 

Y me refiero a los verdaderos amigos; personas en las que podemos confiar y tenemos la seguridad que no nos van a traicionar.  Que lo que le confiemos lo guarde para sí y no lo divulgue.  La amistad debe ser recíproca con una gran dosis de confianza, de cariño y lealtad.

La lealtad va de la mano del respeto y la confianza.  Una persona de bien no tolera que se hable mal de su amigo y menos si está ausente.   

“Un amigo en la adversidad es un amigo de verdad”, reza un refrán popular y es muy cierto.  El amigo verdadero está ahí en los tiempos difíciles, en los momentos de angustia, de dolor ante la pérdida de un ser querido, pendiente de las necesidades de su hermano de corazón y de sentimientos nobles, con quien lo une el cariño sincero.

“La amistad perfecta es la que existe entre hombres buenos, iguales en virtud”, frase del filósofo griego Aristóteles.  Tal vez no sea una relación perfecta pero cuando las personas se han formado con valores, mantienen su estabilidad emocional y son capaces de dar pasos importantes para hacer que una amistad al igual que el amor, funcionen.

“Un amigo fiel es una protección segura y aquel que lo encuentra, ha encontrado un tesoro” Eclesiastés 6 14..   Aunque difícil, no significa imposible.  Un verdadero amigo no nos deja jamás por lo que hay que cuidar su valiosa y generosa amistad.

Es lamentable observar cómo se ha devaluado algo tan hermoso como necesario para el ser humano: la amistad y también el amor.

La convivencia entre los seres humanos se torna cada vez más difícil, más insegura, no se le da la importancia extraordinaria que debería tener.  Importa más el “yo” que el nosotros.  El dinero y los bienes materiales se anteponen a los verdaderos valores.  Se le da más importancia al “tener” que al ser.

Es decir, hay personas que modifican los valores para buscar sus propios intereses o necesidades.   

Publio Ovidio, poeta romano escribió: “La gente vulgar estima al amigo de acuerdo con la ventaja que puede obtener de él”.  Tremenda frase, pero queda como anillo al dedo para lo que estamos viviendo como sociedad, y es el de personas que “usan” a otros para introducirse, ya sea en grupos sociales, culturales, religiosos, políticos.

Pretenden en las relaciones un beneficio personal no de iniciar y compartir una amistad sincera.

Quienes contamos aún con amigos de verdad, de muchos años o de toda la vida, debemos sentirnos muy bendecidos. Algunos de ellos ya no están con nosotros, pero son recordados con gratitud y cariño por los años de convivencia, de amistad sincera y sobre todo, de gran respeto por ambas partes. 

Me considero una de esas personas afortunadas y muy bendecida por Dios, por haber permitido que llegaran a mi vida personas maravillosas de las que solo tengo hermosos recuerdos.  Una amistad sincera se valora, se cuida y se agradece.

Gracias a Dios, por el precioso regalo de la amistad y del amor.

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