Después de concluir su mandato constitucional Román Cepeda Flores, llegaría al poder el rico revolucionario Raúl Madero González, hermano de Francisco, el mártir de la democracia.
Su periodo constitucional corrió de 1957 a 1963. Una de sus magnas obras en Saltillo fue el Parque Madero.
El general Madero tenía 70 años, ya había sido gobernador provisional de Coahuila por 15 días y otro espacio de Nuevo León en la era revolucionaria. Fue secretario del Centauro del Norte, Francisco Villa.
El general Madero era un hombre bueno, de buena fe, poseía educación y el don de la riqueza, pues provenía de una familia poderosa económicamente, originaria de Parras de la Fuente. De trato cortés y sencillo, don Raúl radicaba en la Ciudad de México, cuando el presidente Adolfo Ruiz CortInez le comunicó que él había sido “elegido por el dedo del PRI” para gobernar a su estado.
Y de allá trajo a casi todos sus colaboradores. La mayoría se creían “europeos cortados a mano”, dicho popular de antaño, cuando alguien se sentía superior a cualquiera. Algunos eran coahuilenses que veían a sus coterráneos como una especie de esclavos. Era la época en que ser político era ocupar cargos para oprimir, para enriquecerse a costa del pueblo y no para servir.
Trajo como secretario general de Gobierno el general Madero a un tipejo José Saucedo Siller, que destilaba prepotencia, orgullo y arrogancia, lo que acomplejaba a más de uno. Era la clásica traba para llegar al gobernante, pero encontró, como suele decirse, “la horma de su zapato” en un valeroso y valiente alcalde, Eulalio Gutiérrez Treviño, quien lo retó a golpes, e incluso “pateó” la puerta de la oficina del flemático individuo, buscando una entrevista con el general Madero.
La administración del general Madero tuvo en su hija Dorita, no solo su brazo derecho, sino hasta el izquierdo, pues la ilustre dama fue de gran soporte para la obra pública del Mandatario, que aunque no fue muy notoria en el estado, sí fue importante.
El general Raúl Madero González fue inmortalizado en una estatua ecuestre en la ciudad de Torreón, cuando su hijo fue alcalde de la ciudad. Fue gobernador por dedazo, cuando los militares tenían el poder en el PRI, como uno de los sectores donde se tenían que cumplir compromisos, sin ser necesaria la militancia.
Fue precisamente en 1963, en que me inicié como reportero.
La anécdota
El general Madero solía confundir a las personas. Una ocasión en las puertas de Palacio de Gobierno se topó con “El Güero” García, fotógrafo socio de José Mora (Mora y García) y le dijo:
-¿A usted es el que quiere que lo apoye para ser diputado?
“El Güero” García lo negó. Lo había confundido con otro güero, el periodista arteaguense Pedro Valdés, que quería ser diputado local.
En aquellos entonces circulaba un chiste a sus costillas. Había llegado a Saltillo una importante colección de obras pictóricas relacionadas con el cubismo y el general Madero no entendía de esas corrientes artísticas y tenía él que inaugurar la exposición, y como no tenía conocimiento de las obras estaba nervioso. Su hija Dorita lo calmó, ella sí era una gran conocedora de las corrientes pictóricas del momento y le dice “papá, no se preocupe, yo estaré siempre pegada a usted y le diré los comentarios oportunamente en cada obra y solo repita mis palabras”, y así fue a inaugurar dicho evento, y en la primera obra (cuadro) se queda el general Madero viéndola, y Dorita inmediatamente le susurra al oído para decirle lo que diga: ¡Qué profundidad, qué colorido! Pero cuando llegaron a una obra de Picasso, Dorita le dice: ¡Qué cara, qué gesto!, y el señor Madero repitió exacto, pero le agregó: ¡Para qué chin…sirve esto!, ante el alarido de la selecta concurrencia.
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