“ Aquel candidato que regala cosas para que lo sigan, no es un líder. Es un comerciante de la política”.
José Mujica.
Cuándo en la República del Congo llamada luego Zaire, la CIA derrocó al legítimo presidente Patrice Lumumba y llevó al poder al joven militar Mobutu Sese Seko, le daba a los políticos derecho durante la Guerra Fría de sustituir la legalidad, así Mobutu convirtió las esperanzas de sus benefactores y gobernados en un sistema de corrupción generalizada que daría origen al concepto de cleptocracia. U
Un ejemplo más reciente lo tenemos en la Indonesia de Sukarno quien también tomó el poder con apoyo de Estados Unidos y se mantuvo igual por más de 30 años en el poder donde el objetivo de su gobierno fue el saqueo sistemático de los recursos públicos.
En México luego del Termidor Avilacamachista, se inició un proceso de descomposición de la vida política nacional.
La presidencia era en la pirámide de una política clientelar quien imponía el renuevo de sus dirigentes a través de la coacción y la inhibición de la participación en los procesos electorales, los cuales eran simulados mediante una serie de procedimientos que disfrazaban como legítima la sustitución de la voluntad ciudadana por la personal del Presidente.
Después del movimiento estudiantil popular de 1968 surgieron distintas comisiones nacionales que darían origen a los partidos políticos antisistema los cuales finalmente terminarían por corromperse a través de la cooptación.
Esto llevo a un grupo de indignados a organizarse en el morena y a llevar a la presidencia a Andrés Manuel López Obrador, con quien se inicia la cuarta transformación y con ella, la regeneración de la vida política nacional.
Sin embargo en los estados seguimos encontrando distintas manifestaciones del clientelismo electoral: la compra de votos, la coacción e inhibición del voto, el condicionamiento de programas sociales, la entrega de bienes o servicios públicos con fines electorales y, la movilización del voto.
El clientelismo electoral siempre revela una relación asimétrica de lealtades donde el donador entrega con recursos públicos un bien o un servicio a cambio de imponer a la libre voluntad del elector, la preferencia política o personal del patrón.
Cuándo este bien son los llamados apoyos alimentarios constituyen la forma más vil de hacer política porque a esta relación asimétrica de dominación se añade un elemento de desigualdad, un atentado contra la dignidad humana que se aprovecha de la necesidad y el hambre de la gente para llevar a cabo un intercambio de voto por comida.
La entrega constituye entonces de conformidad con Bourdieu en una forma de intercambio de obsequios que es un modelo perverso de política pública.
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