Hace 67 años, el 3 de julio de 1955, las mujeres en México acudieron por primera vez a las urnas a emitir su voto.
Ya en 1953, Adolfo Ruiz Cortines había expedido la reforma a los artículos 34 y 115 constitucionales, en la que se reconocía plenitud de derechos ciudadanos a la mujer mexicana. Sin embargo, la lucha por el sufragio femenino en el país había iniciado desde finales del siglo 19, por lo que hay momentos clave en la historia de este país, que es necesario recordar en un día tan importante como hoy.
Desde 1887, en la publicación Las Violetas del Anáhuac, considerado el primer periódico “feminista de México”, dirigido por la Laureana Wright –reconocida en círculos intelectuales de los que también formaban parte Manuel Acuña, Ignacio Ramírez o Manuel Altamirano–, demandó públicamente al gobierno de Porfirio Díaz el sufragio para las mujeres.
En 1911, Julia Nava de Ruisánchez, originaria de Galeana, Nuevo León, realizó actividades de propaganda anti-reeleccionista, fundó el club Las Hijas de Cuauhtémoc, en el que participaban periodistas, escritoras y profesoras, que aspiraban a participar políticamente, y lo habían hecho colaborando activamente en la revolución, por ello, su deseo era anunciar a través de otros mecanismos de comunicación, que “las mujeres tenían derechos más allá del hogar”.
Fue en 1916 que se realizó el primer Congreso feminista, y uno de sus principales acuerdos fue que se otorgara el voto ciudadano a las mujeres. Esta primera reunión en Yucatán fue el principal antecedente que llevó a que en el Congreso Constituyente de 1916-1917 se propusiera el derecho al voto pasivo y activo de las mujeres.
La Constitución Política de 1917 otorgaba el voto a “todos” los ciudadanos, pero los razonamientos de la Comisión redactora dan por sentado que se negaba a la ciudadanía a las mujeres y su derecho a votar, y entre otros argumentos se señaló:
“El hecho de que algunas mujeres excepcionales tengan las condiciones necesarias para ejercer satisfactoriamente los derechos políticos no funda la conclusión de que estos deben concederse a las mujeres como clase. La dificultad de hacer la selección autoriza la negativa”.
En 1921, Elvia Carrillo Puerto organizó La Liga Feminista, donde propusieron la emancipación política de la mujer, y en 1924, en Yucatán, se reconoció el derecho de las mujeres a participar en elecciones municipales y estatales.
Luego, en San Luis Potosí en 1923, se aprueba la ley que permite a las mujeres alfabetizadas a participar en procesos electorales, mismo que se derogó, y aunque distintos estados aprobaron la participación política de las mujeres, Elvia Carrillo fue diputada hasta 1923, pasaron décadas antes de que las mujeres pudieran votar a nivel nacional.
Entre 1934 y 1936 se expidieron leyes en que otorgaba el derecho a la mujer a votar en elecciones municipales y restringiendo ese derecho solo a un sector, como en Guanajuato, Puebla, Veracruz, Durango y Tabasco.
Posteriormente, en 1937 –en el periodo de Lázaro Cárdenas– se elaboró una iniciativa de ley en favor del voto femenino, no obstante, se dio marcha atrás en esta reivindicación, ya que aún cuando la reforma se aprobó ese mismo año nunca se publicó en el Diario Oficial de la Federación.
En 1947, durante el gobierno de Miguel Alemán, es cuando a la mujer mexicana se le reconoce, a nivel nacional, el derecho a votar y ser votado en los procesos municipales. En 1952, más de 20 mil mujeres le exigieron al entonces candidato Adolfo Ruiz Cortines cumplir la promesa pendiente sobre el voto femenino, ejerciendo su derecho, un día como hoy, en 1955, eligiendo en esa ocasión diputados federales para la XLIII Legislatura.
El reconocimiento de los derechos de igualdad de la mujer y su participación en la toma de decisiones del país es producto de una lucha histórica, el voto de las mujeres fue el primer ejercicio de libertad de decisión y sería hasta 1979 cuando se concretaría la democratización de los derechos electorales de la mujer. Sin embargo, hoy, en ese tema, aún hay mucho por hacer.
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