Saltillo

Publicado el miércoles, 23 de agosto del 2023 a las 03:40
Saltillo, Coah.- La grandeza y espectacularidad de gran parte de la colección del Museo de las Aves de México, no se escribe sin el nombre de don Francisco Cancino de la Fuente, taxidermista nato, quien dedicó su vida al amor por la naturaleza y que recientemente perdió la vida a los 63 años.
Al principio no lo sabía, pero nació con el talento de regresarle la vida a lo inerte. Con sus manos y su enorme paciencia, recorría cuidadosamente los coloridos plumajes de los cardenales, palomas, cenzontles y muchas más especies para regalarles la vida eterna, para mostrarlos con un destello de vida que inmortalizaría su vuelo.

Nacido en Ramos Arizpe durante 1960, desde sus 11 años radicó en Saltillo para terminar sus estudios de primaria. Hacia mediados de 1972, una tía lo recomendó para hacer mandados y muy pronto comenzó a colaborar en casa de Don Aldegundo Garza.
Fue entonces que el destino lo llevó a dar sus primeros pasos hasta convertirse en un gran taxidermista lírico. Uno de sus maestros fue don Raúl Fuentes, miembro de toda una dinastía de escultores de esta ciudad.
Con el respaldo de Don Aldegundo, Don Francisco logró recolectar gran parte de la colección que ahora conforma el Museo de las Aves. Recorrió miles de kilómetros por todo el país; con su afable personalidad, en cada rincón donde se paraba, se hacía de amigos entrañables.

Aunque trabajó con una gran variedad de especies, tenía un especial gusto por las aves rapaces como las águilas y los halcones.
Repetía constantemente que la importancia de conocerlas para creer en su conservación e impulsar acciones que permitieran también mantenerlas en su hábitat.
Uno de los trabajos que marcó su trayectoria, fue el de un cóndor de California que media casi 3 metros. Le tomó varios días la preparación y ésta, hoy es una de las estrellas de este museo, reconocido a nivel internacional.

Entre sus salidas al campo más recordadas, fue cuando, después de casi 8 años de búsqueda, lograron colectar una grulla colorada, que contaba con una pigmentación característica que era lo que la hacía única.
En 2016, cuando el museo se encontraba en la renovación de sus salas, don Francisco tomó la dolorosa decisión de retirarse; seis años más tarde, en este mes de agosto, cerró los ojos para emprender el vuelo, junto a los cientos de ejemplares inertes a los que dio vida. Descanse en paz, don Francisco Cancino de la Fuente.

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