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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 16 de febrero del 2026 a las 21:00
La Habana.- Jorge Reyes tiene 65 años, una moto y el turno número 7 mil y pico en la aplicación “Ticket”, la plataforma digital que el gobierno cubano habilitó para distribuir el poco combustible que queda en la isla. El problema es que cada día solo se reparten entre 50 y 90 turnos por servicentro. El jubilado hizo el cálculo y la respuesta lo dejó sin palabras: “¿Cuándo vuelvo yo a comprar gasolina?”, le preguntó a The Associated Press.
La respuesta, para muchos conductores cubanos, se mide en meses.
“Ticket” no nació para esto. Lleva al menos tres años gestionando reservas en línea para teatros, notarías y otras entidades estatales. Pero cuando las autoridades decidieron usarla para organizar el racionamiento de combustible, la plataforma colapsó casi de inmediato.
“Más de 90 mil personas se encontraron inscritas en salas de espera en todo el país, con La Habana concentrando cerca de la mitad del total nacional”, explicó Saumel Tejeda Díaz, director comercial de XETID, la empresa estatal de software que gestiona la aplicación.
El mecanismo, en teoría, es sencillo: el conductor crea una cuenta, elige un servicentro cercano y obtiene un turno en la “sala de espera” para ir a cargar hasta 20 litros de gasolina. En la práctica, la interfaz poco amigable, los requisitos de registro, la demanda desbordada y el goteo diario de turnos disponibles convirtieron a “Ticket” en, como la describen los propios conductores, “la única esperanza y una verdadera pesadilla”.
Las matemáticas circulan sin parar en los grupos de WhatsApp donde los choferes se organizan y monitorean avances: “Yo tengo el 6 mil 114, cogeré mis 20 litros en junio”, escribió un usuario. “Hoy La Copa: 50 turnos y 12.075 inscritos”, reportó otro. “El Riviera solo despacha 90 carros por día”, apuntó un tercero.
Quienes logran repostar tampoco salen del todo tranquilos. Ariel Alonso, trabajador independiente de 56 años, consiguió cargar el lunes en el servicentro de El Riviera. Su conclusión fue tajante: “Es casi imposible con 20 litros. No se puede. Hay que dejar cinco de reserva por si hay un enfermo en la casa. Esto no durará nada”.
Además, las autoridades suspendieron la venta de combustible en moneda nacional: solo puede pagarse en dólares. El litro oficial cuesta 1.30 dólares, pero en el mercado ilícito que ya empieza a formarse llegó a venderse el lunes a seis dólares por litro.
Las únicas excepciones al sistema son los autos de alquiler turístico, con placas especiales, que acceden a 44 servicios diferenciados. Aunque también tienen el límite de 20 litros, las filas en esos puntos son, según los reportes, interminables.
La crisis energética se agudizó a comienzos de enero, cuando la administración de Donald Trump promulgó una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a cualquier país que venda petróleo a Cuba. La medida aceleró la salida de Venezuela, México y otros proveedores tradicionales.
Las consecuencias se acumulan: jornadas laborales reducidas, actividades culturales suspendidas, el Festival del Habano pospuesto y el transporte severamente limitado. Las autoridades informaron a las aerolíneas que debían cargar combustible en otras plazas; algunas optaron por hacerlo vía República Dominicana, mientras otras cancelaron directamente sus rutas hacia la isla.
Un recorrido de la AP por las calles de La Habana el lunes mostró una ciudad notablemente más silenciosa, con mucho menos tráfico particular del habitual. Expertos ya advierten que, de no revertirse el cerco petrolero, Cuba podría enfrentar una crisis humanitaria.
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