Un cortejo fúnebre acompaña el cadáver de un Sabino colosal. Una gran lona en rojo y negro anuncia: TESTIGOS DE NUESTRA HISTORIA, VÍCTIMAS DE NUESTRA NEGLIGENCIA. Marchan por las calles de la ciudad. Marchan por las calles de Sabinas, que idílicamente recibe su nombre gracias a estos gigantescos árboles que crecen a la ribera del río. ¿Pero qué pasa con los árboles, con el río y quién es toda esta gente?
Ésta es una columna de ajedrez, así que había pensado escribir sobre Magnus y su triunfo en el mundial de esports; como estamos en la sección cultural, también consideré hablar sobre el cierre de Ediciones ERA o su posible rescate que planteó la presidenta Claudia Sheinbaum mediante algún estímulo federal, pero como hay temas que son importantes y otros que son urgentes, me tomaré una licencia poética y pondré la lupa sobre mi pequeña ciudad natal.
El jueves 20 de agosto, un grupo de activistas se organizaron para hacer una marcha pacífica en búsqueda de proteger y rescatar el río Sabinas, a ella se unieron los alcaldes de Sabinas, Juárez y Anáhuac (Nuevo León).
Logré ver una parte del recorrido al salir de mi trabajo. Lo primero que llamo mi atención fue el tráiler que remolcaba el grandísimo tronco: una declaración poética de la muerte que nos acecha y que se aproxima rápidamente si no tomamos medidas drásticas. Lo segundo fue notar que casi todos los presentes eran personas mayores: ¿Dónde estás, juventud?, ¿Dónde te has ido?
Me sorprende la poca participación de los estudiantes de la región. ¿Será que al ser alumnos de un tecnológico su estilo de educación los vuelve apáticos ante los problemas sociales? O será que como ahora todos quieren ser figuras públicas y monetizar las redes sociales, ya nadie quiere comprometer sus intereses personales al quedar bien o mal con determinados sectores.
La manifestación incluyó la firma de un pliego petitorio que harán llegar a los responsables del gobierno federal, con cinco demandas prioritarias: evaluación integral, estudios técnicos, cese de descargas (contaminantes), comisión de vigilancia y, transparencia sobre las acciones tomadas para recuperar el agua de la región.
Hay que creer en que un mundo mejor es posible: donde coexistan el progreso industrial, la generación de empleos y el correcto cuidado del medio ambiente. La minería no puede desaparecer, pero sí ser regulada en provecho de todos. No es cuestión de buscar culpables sino de encontrar soluciones.
Sin duda esta marcha solo fue una pequeña acción del mucho trabajo que se aproxima. Defender nuestro río es una labor que nos corresponde a todos. Cada cual desde su trinchera: legislar, regular, informar, compartir, salir a marchar, todo suma, todo cuenta. Hagámoslo posible, trabajemos todos juntos. Nuestro río no puede morir.
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