Pues sí, tenía que pasar. Estamos, otra vez, ante una emergencia sanitaria. Vuelven los filtros, peatonales y vehiculares. Se reduce a 10 el número máximo permitido para fiestas o reuniones en hogares, y ya se plantea aplicar multas para quien no use cubrebocas en establecimientos comerciales y centros laborales.
Estamos, otra vez, como en la peor etapa de la pandemia, y con el agravante de que la población, mayoritariamente, cayó en una suerte de sopor, en la que le vale un pepino el cuidarse y cuidar a los demás.
Estamos como estamos por la indolencia e irresponsabilidad de esa mayoría que se sintió erróneamente a salvo tras la vacuna; que no se preocupó por informarse, por incorporar a su vida, a su cotidianidad, el hecho de que hasta el momento 11 coahuilenses ya con el esquema completo de vacunación, se contagiaron y murieron. Esa mayoría que no entiende que la vacuna realmente no es un escudo todopoderoso contra este virus.
Estamos ante esta emergencia sanitaria por los miles y miles de ciudadanos que hacen caso omiso a la obligación de usar cubrebocas, de mantener siempre la sana distancia.
Estamos, otra vez, en riesgo, por los que simplemente no entienden que enfrentamos a una variante muy agresiva de coronavirus, el Delta, que mantiene en jaque y desesperadas a autoridades de los tres órdenes de Gobierno, que simplemente no dan crédito a lo que sucede en las calles.
Esto es terrible y la prueba más contundente de que esos personajes que llegaron a caracterizar a la estupidez como el principal problema del país, pues simplemente tienen razón.
Un aplauso irónico, sarcástico a todos los estúpidos, que son muchos, ya que gracias a ellos, estamos hoy como estamos.
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