Coahuila
Hace 3 años
La desaparecida armadora de camiones y camionetas International Harvester, de capital norteamericano en Saltillo, cuya planta se ubicaba donde ahora es la John Deere, guarda en sus muros muchas anécdotas.
Donato, uno de los obreros fundadores de la IH, recuerda a sus patrones: Fuler, Smarlin y Willy. Eran unos 600 operarios, todos saltillenses, quienes tenían tirria (sentimiento de antipatía a estos personajes), especialmente cuando era injustificado o irracional el trato hacia los operarios.
La IH tenía en “Pancho Balón”, su capataz, polémico y desalmado individuo que era el “coco” de los trabajadores. A los subordinados los mandaban con “Balón”, quien los forzaba a cargar y descargar camiones con piezas para armar los vehículos. Algunos decían que “Balón”, así como aparentaba ser un hombre fuerte, tenía sus debilidades emocionales y a varios llegó a convencer.
“El Chícharo”, empleado de ingeniería de productos, era un tipo atrevido que se ganó muchos malos momentos. Como cuando alguien lo mandó debajo de un camión, porque al paso de unas mujeres de negro dijo: ¡Pero mira, qué buenas me las dejó el difunto! Y atrás venía el marido de una de ellas, quien de un derechazo lo mandó bajo el camión. “Cómo batallamos para sacarlo”, dice Donato.
“El Chícharo” pagaba hasta 50 mil pesos a quien diera muerte al señor Fuler, porque de plano no lo quería; bueno, ambos no se estimaban. Por poco y se lleva la oferta un obrero de la IH, que demandó a la empresa y ganó el pleito. Fuler le manda hablar y le dice: “Aquí tengo tu indemnización”. Muestra un cheque y cuando lo quiere tomar el empleado, Fuler lo retira, bajo la frase: ¡Tú qué dijiste, ya te lo dí, pues fíjate que no!, y lo volvió a guardar en el cajón.
El hombre sacó una pistola de su cintura y apuntó a la cabeza de Fuler, con tan buena suerte que el gatillo se atoró. Fuler salió a “gatas” de la oficina. El agresor fue detenido en Arteaga, bajo el cargo de intento de homicidio.
Fuler era muy duro, muy estricto. Casi todos los obreros de la IH lo odiaban. Cuando este hombre hacía su supervisión lanzaba una moneda de a 20 centavos al aire ante los obreros, quienes le mentaban la madre constantemente.
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