Ya parece una suerte de axioma eso de que la pandemia sacó lo peor de nosotros. Miles de hogares se convirtieron en verdaderos infiernos, se incrementaron sustancialmente los casos de abuso sexual y las presiones, de todo tipo, aumentaron hasta niveles que comprometieron la estabilidad de miles de hogares.
También sabemos que los jóvenes se enfrentaron a un escenario hostil, tanto en términos educativos como de convivencia social, y ello, podemos suponer, generó un estado potenciado de insatisfacción de vida, que necesitaba urgentemente vías de escape, una suerte de válvula que liberara tanta presión acumulada a lo largo de dos años.
Y tal vez sea por eso que se está generalizando eso del “club de la pelea” en planteles educativos de nivel medio y medio superior. Sí, como que está de moda las peleas entre estudiantes de secundaria y preparatoria, y que, además, estos encuentros se graben y suban a redes sociales.
Como que está de moda exhibir que los alumnos están en modo bestia, que se dan con todo, mientras sus compañeros ríen y los alientan a ser cada vez más violentos.
Son jóvenes, sí. Necesitan desahogar tantas tensiones, y también es correcto. Lo notable es cómo deciden hacerlo.
En fin, será un signo de nuestros tiempos en los que parece que estamos, como sociedad, decididos a involucionar. Pues que así sea y que el futuro del país, del estado y de la ciudad explore en qué tan bestia se puede convertir.
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