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Publicado el viernes, 24 de julio del 2009 a las 16:57
México, D.F.- La Pirámide del Sol fue el “axis mundi” de la cultura teotihuacana (estado de México), un espacio donde simbólicamente se accedía a los niveles celestes y al inframundo, de donde se partía también hacia los cuatro rumbos del universo, según la cosmovisión mesoamericana, afirmó el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.
“Estos edificios, como la Pirámide del Sol, que juegan el papel de axis mundi, están orientados generalmente al poniente (siguiendo el movimiento solar), presentan evidencias de sacrificios humanos, guardan relación con agua y/o fertilidad, tienen un vínculo con la dualidad vida-muerte, y también les rodean grandes plataformas que impiden el acceso directo a las mismas”, indicó.
Este esquema fue copiado posteriormente por otras civilizaciones como la tolteca y la mexica, para la traza de los centros ceremoniales de Tula (Hidalgo) y Tenochtitlan (ciudad de México), dijo el especialista durante el ciclo de conferencias magistrales “Teotihuacan, identidad y patrimonio de México.
Este foro se realiza en el Museo Nacional de Antropología (MNA), con motivo de los 70 años de la fundación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Teotihuacan fue la ciudad más grande y poblada de América durante la época precolombina, llegó a extenderse por 23 kilómetros cuadrados y alcanzó una población de 250 mil personas. Esta urbe tuvo un amplio desarrollo, desde el 200 a.C. al 650 d.C.
Matos Moctezuma es investigador emérito del INAH, colaboró en el Proyecto Teotihuacan (1962-1964) y dirigió una iniciativa arqueológica especial en este sitio a principios de los años 90.
Dijo que durante las exploraciones arqueológicas en las que participó quedó claro que la entrada a ese monumento piramidal era restringida, la única vía era la Calzada de los Muertos y se accedía por la escalinata de su parte frontal.
La pirámide se halla circundada por una plataforma de 400 metros por lado (en forma de U y que fue rota cerca de su esquina sureste durante los trabajos de Leopoldo Batres, entre 1905 y 1910) que, a su vez, cuenta con vestigios de diversas estructuras.
“Pensamos -agregó- que el primer centro de la ciudad de Teotihuacan fue la Pirámide del Sol, con su connotación sagrada. Después, hacia el 250 d.C., sería desplazado hacia el lado sur, en la Ciudadela, con el Templo de la Serpiente Emplumada, donde se repitió este patrón alusivo al axis mundi”.
Debajo de la Pirámide del Sol se encuentra una cueva de 102 metros, elemento natural que posee un importante simbolismo, en tanto que es muestra de la dualidad: matriz paridora de pueblos y entrada al inframundo.
“En esta cavidad también se encontraron canales, de ahí la presencia del agua y la fertilidad”, dijo el arqueólogo.
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