La pandemia de Covid-19 ha provocado grandes cambios en las estructuras sociales, políticas y económicas del mundo entero, de hecho, cada día se buscan y encuentran soluciones a los problemas que se ocasionaron durante 2020.
Ejemplo de esto ha sido el trabajo en casa, o bien las clases a distancia que muchos damos o recibimos, sin pasar por alto los cambios higiénicos que hemos realizado; hay acciones que han redituado en la reducción de costos, incremento de utilidades, la limitación de los afectos sociales, la convivencia familiar, con esto la valoración de la familia y de las amistades. Pero hace unos días en el Senado estatal de Nueva York en Estados Unidos, donde la senadora Jessica Ramos, representante demócrata de Queens, realizó una propuesta que hace unos meses pareciera imposible de pensar. El ofrecer beneficios económicos directos a los trabajadores ilegales que han perdido su empleo a consecuencia de la pandemia.
La propuesta “radical” de los legisladores consiste en ofrecer pagos únicos desde 3 mil 200 hasta 15 mil 600 dólares norteamericanos a trabajadores ilegales que perdieron su empleo a consecuencia de la pandemia. El monto propuesto para esta acción progresista es de 21 mil millones de dólares, la idea es que los beneficiarios puedan recibir 300 dólares por semana. Esta acción viene åå0acompañada de un incremento a los impuestos para lo ricos en ese mismo estado, de hecho, el impuesto sobre la renta más alto en la Unión Americana se cobrará en este estado.
Los cambios son constantes en el sistema económico, podemos observar que en el estado tal vez más icónico del capitalismo moderno, existe la propuesta de dar un beneficio económico a trabajadores ilegales. Esto en un país en el cual hace menos de 50 años existían establecimientos restauranteros donde se prohibía el acceso a perros y a mexicanos.
Pareciera que la frase de John Maynard Keynes: “Cuando las circunstancias cambian, yo cambio de opinión, usted ¿qué hace?”, vuelve a resonar en la que hasta hoy sigue siendo la economía más grande del mundo, en el sistema capitalista más desarrollado del orbe. Y con seguridad no es para menos cuando se entiende que todos, sin importar la situación migratoria, formamos parte de un sistema económico en el cual las relaciones entre sus integrantes, junto con la participación responsable del Estado, son las soluciones a ciertas crisis
económicas.
De prosperar la propuesta demócrata, en poco tiempo será un ejemplo de cómo crear un círculo virtuoso con las personas que han perdido su empleo, un modelo de cómo la autoridad puede darle una connotación humana a la economía, en la cual la participación de todos es importante, pero en especial la de quienes generan valor en el mercado.
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