“Nunca visites panteones ni llenes tumbas de flores; llena de amor los corazones, en vida, hermano, en vida”.
Con la frase del famoso poema En vida, hermano, en vida, de la escritora y poetisa mexicana Ana María Rabatté y Carvi, originaria del estado de Tamaulipas, quiero recordar a mi querido contemporáneo y paisano Raymundo Juan Tanus Wehbe Mery, acaecido el martes de la semana pasada.
No necesitó morirse para decirle en vida cuanto lo estimaba y cuantas horas de charla con él, en cualquier lugar y en cualquier momento, pasé. La última vez que nos vimos fue en su tienda de la colonia Del Valle, donde fui a comprar jocoque y pan “árabe”, ¿o libanés?
No esperé a que se fuera para demostrarle mi afecto y mi admiración, pues siempre lo consideré un hombre digno y honesto. No esperé a que muriera para demostrarle mi cariño.
Raymundo era de esos hombres que daba gusto ver, siempre alegre y positivo; gran charlista, ameno y jocoso.
Su historia personal la publique en vida en el libro Las croniquillas del Saltillo, donde perdurará hasta la eternidad.
“Si quieres hacer feliz / a alguien que quieres mucho, / díselo hoy, / en vida, hermano, en vida…”, dice una parte del poema tan acertado de la poetisa Ana María Rabatté.
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