Periódicamente se realizan entre la población encuestas para conocer el grado de aceptación o rechazo de los gobernadores. El resultado varía según la consultora, la metodología y el cliente, sean organismos empresariales, gobiernos o medios de comunicación. La competencia por los reflectores solo seduce a los interesados, pues su impacto nacional e incluso local es mínimo cuando lo hay. Sin embargo, insufla confianza al megalómano e inspira fantasías políticas futuristas, las cuales suelen terminar en pesadilla en el mejor de los casos.
La Encuesta Nacional Gobierno y Política de Gabinete de Comunicación Estratégica, correspondiente al primer semestre de 2010, resultó premonitoria. Tres de los gobernadores más «confiables» están ahora entre rejas: Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo) y César Duarte (Chihuahua). Humberto Moreira (Coahuila) terminó su carrera política tras una serie de escándalos y su encarcelamiento en el penal madrileño de Soto del Real; y Enrique Peña Nieto (Estado de México) se exilió en España mientras aquí se le investiga por delitos de corrupción durante su presidencia.
A la pregunta de «Si el gobernador (…) de su estado fuera su vecino y usted tuviera que ausentarse de su casa por varios días, ¿le confiaría las llaves de su casa?», el 52.4% de las respuestas fue para Humberto Moreira. Muy lejos de los Duarte (35 y 32.4%), Borge (32.2%) y más aún de Peña Nieto (28.2%). Para la mayoría, también el gobernador de Coahuila era quien más representaba los intereses ciudadanos y menos los propios. Sobre el gobernador ideal, visto como «persona honesta, trabajadora, carismática, preparada, que cumple lo que promete y es tolerante a las distintas ideas que existen en México», Moreira volvió a ocupar el primer lugar con 2.9 puntos en una escala de cuatro.
En la encuesta julio-diciembre, más mexicanos (56.6%) dijeron que le confiarían sus hogares al gobernador de Coahuila sin estar ellos presentes. Además, la calificación del «Profe» como mandatario «ideal y honesto» se disparó a 3.1 puntos. Los sondeos levantaban a Moreira hasta los cuernos de la luna. Meses después, ya era líder del PRI; y su hermano Rubén, heredero suyo en la gubernatura. En ese punto, el «Hijo del pueblo» y sus secuaces perdieron la brújula. «Es el plan B para la Presidencia de la República, pues la candidatura de Peña Nieto no levanta», filtraron a la prensa. Sin embargo, jugar en las ligas menores es distinto a participar en la Gran Carpa.
Los castillos en el aire los arrastró el vendaval de la deuda de 36 mil millones de pesos encubierta por Moreira en complicidad con el Congreso. El pastor legislativo y actual secretario de Gobierno, Fernando de las Fuentes, le entregó no las llaves de su casa, sino de la impunidad. Años más tarde, el «Joven maravilla» aparecía en el séptimo lugar de los «10 mexicanos más corruptos de 2013» de la revista Forbes junto con otros dos gobernadores cuyo sueño era ser presidente: Tomás Yarrington y Arturo Montiel, tío de Peña Nieto, a quien nombró sucesor en Estado de México.
En una encuesta previa a las elecciones del 6 de junio pasado, Demotáctica le asigna los 10 primeros lugares en «desempeño en materia de seguridad, manejo de las finanzas, superación de la pobreza, creación de empleo y manejo de la pandemia Covid-19» a cuatro gobernadores del PAN (Mauricio Vila, Yucatán; Francisco Domínguez, Querétaro; Diego Sinhué Rodríguez, Guanajuato; y Carlos Joaquín, Quintana Roo), a tres de Morena (Jaime Bonilla, Baja California; Miguel Barbosa, Puebla; y Cuitláhuac García, Veracruz) y a tres del PRI (Claudia Pavlovich, Sonora; Miguel Riquelme; Coahuila; y Quirino Ordaz, Sinaloa). En Sonora y Sinaloa el PRI fue desbancado por Morena. Las encuestas son espejismos.
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