Arte

Publicado el miércoles, 5 de abril del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- Seguramente hay pocos años que se recuerden tanto en la memoria de los fanáticos del futbol como 1986: año en el que el Mundial fue dominado, como si fuera un balón, por países como Colombia, que renuncia a ser la sede, y que se disputó por naciones como Estados Unidos o Canadá, pero que finalmente recayó en México. El país tricolor que lo recibió como una forma de elevar la moral tras el desastroso terremoto de 1985, y que lo puso en la historia no solo del deporte, sino de la humanidad por hechos que han marcado los recuerdos de esta.
Así lo ve Francisco Javier González, uno de los periodistas deportivos más conocidos del país, y quien cubrió el más grande evento futbolero. Crónicas, reportajes y artículos que recuperó para El 86 (Planeta, 2022) una colección de textos en los que el autor hace “un viaje hacia el pasado, echarse un clavado a la época del 86 porque pasaron muchas cosas”, y que además “fue un Mundial muy personal porque fue el primero que hice para la televisión, aunque fue mi segundo Mundial, siendo el otro un trabajo para la radio”.
Siendo así, un evento que revolucionó la forma de cómo se hacía el periodismo deportivo, pero que sin duda dejó una marca más indeleble sobre el pasto de la cancha con sucesos como un avance interesante de la selección mexicana, la llegada de Argentina a la final, el ascenso de Maradona y, por supuesto, la mano de Dios que le dio la victoria al albiceleste.
Para González, las cosas inician con la misma fe de los mexicanos en su equipo, ya que “venía de tres fracasos terribles en Mundiales, entonces la gente no creía en su selección, y parte de la magia de un pueblo que cree en su Selección es que lo transporta a lugares que no son conocidos, y que en este caso es el de la victoria”, así ese año se crea “un proyecto de equipo” bajo la dirección de Bora Milutonovic, lo cual dio paso a “un equipo triunfador, y eso influye para esa gran conexión que tuvo con el público. Porque además de tener a un público esperanzador con su Selección, a las marcas volcadas sobre el evento, porque el 86 definió eso también, la gran erupción de las marcas; así como la transmisión del equipo de cobertura que ya era alta definición. Todo eso se logró ese año, especialmente en el juego contra Bélgica, en donde se apagó el sonido y toda la gente cantó el Himno nacional, algo que a mí y a muchos jugadores nos enchina la piel, muchos de ellos aún lo definen como uno de los mejores momentos de su vida”, señala el periodista.
Lleno de encuentros legendarios, como el ya mencionado México contra Bélgica, Brasil contra Francia y, claro Argentina contra Inglaterra. En la que Maradona se coronó como el rey del campo con dos momentos esplendorosos del balompié: el primero es esa intervención cuasi divina en la que su mano hizo que el esférico entrara en la red, y el siguiente fue ese viaje desde mediocampo burlando a siete jugadores en el que el atleta argentino recibió la apoteosis para se conocido como “D10S” gracias a ese llamado Gol del Siglo.
Ese sublime momento sucedió en los cuartos de final del Mundial mexicano, ante la atónita vista de miles de seguidores y, claro, ante la visión de González, quien dejó registrado en su crónica que reproduce en este libro.
Sobre ese momento, en el que un hombre es encumbrado como héroe griego, el narrador explica que “después de que Maradona metió sus dos goles contra Inglaterra lo rodeamos todos los periodistas para preguntarle sobre el partido y era una sencillez en muchos aspectos que ahora no tenemos”, abundó el autor.
Pero quizá más que los héroes dentro de la cancha, lo que el Mundial de 1986 reveló fue, precisamente lo contrario, la humanidad que demostraron fuera del estadio. Como lo narra González al relatar la historia del equipo de Bélgica “que no estaba encerrada en su búnker, sino que salían a pasear a la calle, y encuentran a niños lavando parabrisas y pidiendo limosna en los semáforos, y no pueden creer lo que están viendo, piensan que es una broma. De ahí que la selección de Bélgica se reúnen y hacen una colecta entre ellos en la que involucran a la federación de Bélgica y al dueño del hotel en el que estaban hospedados, y dejan una bolsa en la que dicen ‘dejamos este dinero y ayuden a esos niños como pueda’, entonces el dueño de hotel fundó una casa hogar que está de pie”, y que el jugador Jean Marie Pffaf, “viene cada año de incógnito a ver a sus niños. Entonces, caramba, sí son héroes pero creo que finalmente lograron más con esa casa hogar en Toluca, lo que Alemania hizo en Querétaro para ayudar a niños desamparados, que lo que hicieron dentro de la cancha. Esa es la verdadera épica de este Mundial”, concluyó González.
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