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Energía eléctrica inalámbrica

Por Federico Muller

Hace 5 años

Las energías renovables y no renovables han sido el tema central en esta última semana, al menos en los titulares de los periódicos de circulación nacional. Se han volcado opiniones de todo tipo, a favor y en contra de la política energética que trata de seguir el Gobierno de la República. Los apagones y suspensión del suministro de gas en varios estados del norte y que afectaron a empresas, comercios y viviendas, ocasionándoles daños millonarios, develaron la fragilidad del sector productivo ante desastres naturales que ocurrieron en Estados Unidos, sucesos que sin duda también apuntan con dedo flamígero al Gobierno por su falta de prevención en el suministro de electricidad y energéticos fósiles al mercado, dado que tiene el cuasi monopolio de los mismos (transmisión y distribución), a través de la CFE y Pemex.

A mi juicio, a pesar de los hechos, es difícil fincar responsabilidades a las partes involucradas, es decir, por una parte a las empresas transnacionales que manejan los proyectos de parques de energías limpias, y por la otra, a la Secretaría de Energía, que mantiene una política desfasada del progreso, fundada en la quema de carbón y combustóleo. Las primeras siguen, y como la lógica capitalista lo demanda, intereses económicos que pueden ser disfrazados con la coartada de la sustentabilidad del ambiente; mientras el Gobierno maneja argumentos fincados en ideologías que no corresponden con la realidad económica y social que se vive en pleno siglo 21. Al centralizar las fuentes de energía, le dan poder en el ejercicio de sus funciones.

Es muy probable que esta lucha de intereses e ideologías se dirima, en un futuro cercano, por un árbitro imparcial: la tecnología de frontera en materia de electricidad, que prácticamente obligará a los políticos en el poder a aceptar los cambios, renovándose o destinar a los pueblos a la marginación y pobreza por cerrarse a las innovaciones.

Una compañía de energía asentada en California, Estados Unidos, recientemente implementó un proyecto de energía que retoma una tecnología antigua, de principios del siglo 20, cuyo autor fue el europeo Nikola Tesla, quien había diseñado una torre que emanaba energía eléctrica generada por  bobinas, las cuales, según investigadores en la materia, transfieren ondas o señales de elevada frecuencia, sin requerir de ningún conector intermedio, cables u otro tipo de conector físico, que van directamente del emisor al receptor a través de dispositivos estratégicamente ubicados. Estos dispositivos convierten la energía de una fuente (torres y antenas) a un campo electromagnético, el cual (receptor) recibe la energía y la cambia en corriente alterna o directa.

Los experimentos de aquel gran soñador croata por fin han sido reconocidos, y utilizados a nivel mundial. Un ejemplo de ello ha sido la tecnología wifi, por cierto muy exitosa, que ha lanzado a la cima de la rentabilidad financiera a un puñado de empresas estadunidenses y chinas. Si los intereses creados por las grandes compañías supranacionales de energía son neutralizados por los gobiernos de los países democráticos y desarrollados, para que no se opongan a los cambios revolucionarios, la historia de la humanidad puede dar un vuelco inesperado de 180 grados. ¿Usted qué opina?

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