Pareciera que a veces es importante decir que se tiene algo, aunque ese algo realmente sirva para muy poco. El detalle es que ese algo resulta muy caro, y no solo para el que lo presume, sino para todos nosotros.
Es el caso de la Fiscalía Especializada en Delitos por Hechos de Corrupción de Coahuila, que podrá resultar políticamente muy conveniente, pero a lo largo de los 5 años que tiene operando ha resultado un obeso y oneroso elefante blanco.
Y no se trata de simplificar, pero para decirlo en términos llanos, los que importan, los de los resultados, la operación de esta Fiscalía Anticorrupción, dotada por ley de autonomía técnica y que investiga casos de desvíos, peculado, cohecho, asignaciones ilícitas y otras corruptelas, nos ha costado -a todos, ya que son recursos del erario-, 145 millones de pesos, y lo que aporta es, por decir lo menos, cuestionable: ha logrado “recuperar” 11 millones de pesos y pues no hay un solo funcionario o exfuncionario que haya pisado la cárcel fruto de esas investigaciones.
Esta Fiscalía cuenta con agentes del Ministerio Público especializados en la materia, personal directivo, administrativo y auxiliar para el cumplimiento de las funciones conferidas. Muy bien, será cosa sana y políticamente correcta, pero más sano sería que fuera eficiente, que sirviera de algo, más allá de consumir un presupuesto, asignado para este 2022, de 28.2 millones de pesos.
Esta Fiscalía resulta en los hechos un gigantesco elefante blanco que lo único que hace es engordar, pero no inhibe ni castiga los actos de corrupción. Sí, pareciera que a veces es importante decir que se tiene algo, aunque ese algo cueste, y mucho, y realmente sirva para muy poco.
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